España está consiguiendo uno de los objetivos que la industria turística lleva décadas persiguiendo: reducir su dependencia de los meses de mayor afluencia y distribuir una parte creciente de la actividad a lo largo del año. Según el estudio El viajero internacional que transforma, elaborado por The Data Appeal Company, perteneciente a Almaviva Group, el 47,2% de la actividad turística española se concentra ya fuera de la temporada alta, definida en el informe como el periodo comprendido entre mayo y septiembre.
El dato, presentado este martes durante la VI Convención Turespaña, que se celebra en Zaragoza del 20 al 22 de octubre, sitúa a España por delante de dos de sus principales competidores mediterráneos. Italia concentra el 58,7% de su demanda entre mayo y septiembre, mientras Grecia alcanza el 72,7%, lo que evidencia una dependencia mucho mayor de los meses de máxima actividad.
La comparación permite apreciar una diferencia estructural entre los tres destinos. Mientras España distribuye casi la mitad de su actividad entre octubre y abril, Italia reúne en ese periodo el 41,3% y Grecia apenas el 27,3%. La ventaja española alcanza así casi seis puntos porcentuales respecto al mercado italiano y cerca de veinte frente al griego.
El informe atribuye esta capacidad a la diversificación de la oferta turística y a la consolidación de motivaciones de viaje que no dependen exclusivamente del verano. La cultura continúa siendo el principal motor de la demanda no estacional, aunque las experiencias familiares y de bienestar son las que están registrando un mayor crecimiento.
Para los destinos y las empresas turísticas, esta evolución representa una oportunidad que va más allá de aumentar las llegadas internacionales. Una distribución más equilibrada de la demanda puede favorecer la utilización de las infraestructuras, mejorar la continuidad del empleo y permitir que hoteles, restaurantes y empresas de actividades mantengan su negocio durante más meses.
Sin embargo, también exige una transformación de la oferta. Atraer viajeros en temporada media y baja no consiste únicamente en comercializar las mismas habitaciones a precios inferiores, sino en desarrollar experiencias y productos capaces de justificar el desplazamiento fuera de los periodos vacacionales tradicionales.
España depende menos del verano que sus principales competidores mediterráneos
La comparación con Italia y Grecia es uno de los elementos más relevantes del estudio, porque permite situar la evolución española dentro de su entorno competitivo.
En España, el 52,8% de la actividad turística se concentra entre mayo y septiembre, mientras el 47,2% restante corresponde a los meses de octubre a abril. En Italia, la distribución es del 58,7% y el 41,3%, respectivamente. Grecia presenta una estacionalidad mucho más acusada, con el 72,7% de su demanda concentrada en los cinco meses de mayor actividad y únicamente el 27,3% durante el resto del año.
Estas diferencias reflejan modelos turísticos con características distintas. Grecia mantiene una fuerte especialización en el producto vacacional de verano, especialmente en destinos insulares y costeros. Italia combina turismo cultural, urbano y vacacional, pero continúa presentando una concentración estival superior a la española.
España, por su parte, dispone de una combinación de factores que favorecen una distribución más amplia de la demanda: destinos urbanos con actividad durante todo el año, patrimonio cultural, gastronomía, turismo de negocios, oferta de bienestar y territorios con condiciones climáticas favorables durante los meses de invierno.
Canarias constituye el ejemplo más evidente de esta última ventaja, aunque no es el único factor que explica el resultado nacional. Las ciudades y los destinos del Mediterráneo también están desarrollando productos que permiten atraer visitantes fuera del verano.
La lectura del indicador requiere, no obstante, una precisión importante. Que el 47,2% de la actividad se produzca fuera de temporada alta no significa que España haya eliminado la estacionalidad, ni que todos sus destinos presenten una distribución equilibrada.
Las diferencias entre territorios continúan siendo considerables. Un hotel urbano con demanda corporativa y cultural puede mantener niveles de ocupación relativamente estables, mientras un establecimiento vacacional situado en un destino muy dependiente del sol y playa puede seguir concentrando buena parte de sus ingresos en unos pocos meses.
El dato nacional muestra una ventaja competitiva, pero no sustituye el análisis específico de cada destino.
La cultura se consolida como principal motivo para viajar fuera de temporada
El estudio identifica la cultura como el principal impulsor de los viajes internacionales a España durante los meses de menor actividad.
La oferta patrimonial, los museos, los acontecimientos culturales, la gastronomía y las experiencias vinculadas a la identidad de cada territorio permiten atraer visitantes que no necesitan viajar durante las vacaciones estivales.
Esta tendencia beneficia especialmente a los destinos urbanos, que refuerzan su atractivo como espacios para escapadas culturales y compras de alto valor.
Ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, Málaga o Bilbao disponen de una combinación de patrimonio, oferta gastronómica, comercio y conectividad que puede facilitar la captación de viajeros durante buena parte del año.
La ventaja del turismo cultural es que sus motivaciones están menos condicionadas por las temperaturas propias del verano. De hecho, determinados destinos pueden resultar especialmente atractivos durante la primavera y el otoño, cuando las condiciones climáticas favorecen las visitas y la actividad en espacios públicos.
Pero el informe también detecta cambios en las motivaciones de los viajeros. Aunque la cultura mantiene el liderazgo, el turismo familiar y las experiencias de bienestar son las categorías que más crecen dentro de la demanda no estacional.
Esto amplía las oportunidades comerciales para hoteles y destinos. Los viajeros ya no buscan únicamente visitar monumentos o realizar una escapada urbana, sino combinar diferentes actividades durante su estancia: experiencias gastronómicas, tratamientos de bienestar, propuestas para familias, actividades al aire libre y contacto con la cultura local.
La capacidad para articular estos productos puede convertirse en un elemento de diferenciación frente a destinos que continúan dependiendo principalmente de sus atractivos estivales.
Cuatro de cada diez viajeros de temporada baja eligen alojamientos de categoría media y alta
Uno de los datos más interesantes para el sector hotelero es el peso de los establecimientos de categoría media y alta entre los visitantes internacionales que llegan fuera de temporada.
Según The Data Appeal Company, cuatro de cada diez viajeros que visitan España durante la temporada baja optan por este tipo de alojamiento.
El dato apunta a la importancia de una oferta alojativa que combine calidad, servicios y experiencias diferenciadas, aunque no permite concluir por sí solo que estos visitantes gasten más que los viajeros de temporada alta.
Para los hoteles, la oportunidad consiste en adaptar su propuesta comercial a motivaciones que pueden ser diferentes de las del verano.
Un establecimiento urbano puede desarrollar paquetes vinculados a exposiciones, acontecimientos culturales o experiencias gastronómicas. Un hotel vacacional puede reforzar sus servicios de bienestar, turismo activo o escapadas de pareja. Los establecimientos situados en destinos rurales pueden aprovechar la gastronomía, el patrimonio y las actividades en la naturaleza.
La desestacionalización también puede modificar la gestión de ingresos. En lugar de depender exclusivamente de una temporada de máxima ocupación, los hoteles pueden trabajar con segmentos de demanda que presenten distintos calendarios de viaje, anticipaciones de reserva y sensibilidades al precio.
Sin embargo, mantener el establecimiento abierto durante más meses no garantiza automáticamente una mayor rentabilidad. La decisión debe considerar los costes operativos, la disponibilidad de personal, la demanda esperada y el ingreso que puede generar cada segmento.
La clave no está únicamente en conseguir reservas adicionales, sino en atraer clientes cuya contribución económica permita sostener la actividad fuera de los periodos de mayor ocupación.
La costa mediterránea combina estancias largas con turismo familiar y de pareja
El informe también analiza el comportamiento de los viajeros internacionales en la costa mediterránea española, donde identifica una combinación especialmente interesante de duración de las estancias y diversidad de motivaciones.
Entre los principales mercados emisores, la estancia media alcanza las 3,7 noches, una de las cifras más elevadas de la España peninsular según el estudio.
La demanda está protagonizada principalmente por parejas y familias, dos perfiles que buscan experiencias relacionadas con la cultura local, la gastronomía y el turismo activo.
Esta combinación plantea oportunidades para destinos tradicionalmente asociados al turismo vacacional. La oferta de playa continúa siendo importante, pero puede complementarse con productos que permitan atraer visitantes cuando las condiciones meteorológicas no favorecen necesariamente el baño o las actividades estivales.
Las rutas gastronómicas, las visitas a bodegas, el patrimonio histórico, el senderismo, el cicloturismo y las experiencias culturales pueden contribuir a ampliar el calendario comercial de los establecimientos.
Para los hoteles, el desafío consiste en transformar esa diversidad de recursos en propuestas que resulten fáciles de descubrir y reservar.
No basta con que un destino disponga de una buena oferta gastronómica o cultural. El visitante internacional necesita encontrar información accesible, disponibilidad real y servicios adaptados a sus preferencias.
La colaboración entre alojamientos, empresas de actividades, restaurantes y entidades de promoción turística puede desempeñar un papel importante en este proceso.
También será necesario adaptar la estrategia comercial a cada mercado emisor. Las familias y las parejas pueden presentar diferencias importantes en duración de estancia, necesidades de alojamiento, actividades preferidas y momentos del año en los que están dispuestas a viajar.
Canarias, el gran referente español del turismo durante todo el año
Canarias ocupa una posición especialmente destacada dentro del estudio.
El archipiélago registra las estancias medias más largas entre todas las regiones analizadas y mantiene una elevada presencia de parejas y familias procedentes de mercados europeos.
Su atractivo durante los meses de invierno constituye una ventaja competitiva conocida, pero el informe identifica una evolución que va más allá de las condiciones climáticas.
Durante los dos últimos años, Canarias ha registrado un crecimiento de la demanda relacionada con experiencias culturales, turismo familiar y bienestar.
Esto apunta hacia una diversificación de las motivaciones de viaje en un destino que históricamente ha construido buena parte de su posicionamiento internacional alrededor del clima y el producto vacacional.
La posibilidad de combinar alojamiento, naturaleza, gastronomía, actividades deportivas y experiencias culturales facilita la captación de diferentes segmentos durante todo el año.
El caso canario también permite entender que la desestacionalización no consiste necesariamente en atraer más viajeros durante todos los meses, sino en mantener una oferta suficientemente diversificada para responder a distintas motivaciones de viaje.
No obstante, la continuidad de la demanda debe acompañarse de una gestión adecuada de los recursos y de los impactos sobre el territorio. La actividad turística durante todo el año puede aportar estabilidad económica, pero también implica que determinadas infraestructuras y servicios soporten presión de manera continuada.
Por tanto, la distribución temporal de la demanda debe formar parte de una estrategia más amplia de sostenibilidad y gestión del destino.
Argentina, Polonia y Brasil lideran el crecimiento de la demanda fuera de temporada
La diversificación de los mercados emisores constituye otro de los principales resultados del estudio.
Según The Data Appeal Company, Argentina, Polonia y Brasil encabezan el crecimiento de la demanda internacional durante la temporada media y baja de los últimos tres años.
Argentina registra un incremento del 27,8%, seguida de Polonia, con un 18,6%, y Brasil, con un 13,1%. A continuación aparecen Estados Unidos, con un crecimiento del 8,9%, e Irlanda, con un 8%.
Estas cifras resultan especialmente interesantes porque muestran que las oportunidades de desestacionalización no dependen únicamente de los grandes mercados europeos que tradicionalmente concentran buena parte de las llegadas internacionales.
Los mercados de larga distancia pueden presentar calendarios vacacionales diferentes, mientras determinados países europeos están aumentando su interés por experiencias culturales, gastronómicas y de naturaleza fuera de los meses de mayor afluencia.
Carlos Cendra, director de Marketing y Comunicación de The Data Appeal Company, considera que estos mercados contribuyen a diversificar la demanda internacional y presentan un potencial importante para impulsar itinerarios que combinen varios destinos españoles.
Esta posibilidad resulta especialmente relevante para territorios que no cuentan con la misma notoriedad internacional que las grandes capitales o los destinos vacacionales más conocidos.
Un viajero procedente de Argentina, Brasil o Estados Unidos puede plantearse un recorrido por diferentes regiones españolas, combinando ciudades, patrimonio, gastronomía y experiencias locales. La oportunidad para los destinos consiste en conseguir que una parte de ese itinerario incluya territorios que habitualmente quedan fuera de los circuitos turísticos principales.
Para las empresas hoteleras, la evolución de estos mercados puede justificar nuevas estrategias de distribución y comercialización, especialmente cuando existen conexiones aéreas adecuadas y una oferta adaptada a sus preferencias.
No obstante, los porcentajes de crecimiento deben interpretarse teniendo en cuenta que el estudio no detalla en la información difundida el volumen absoluto de demanda correspondiente a cada mercado. Un incremento porcentual elevado no significa necesariamente que un país aporte más viajeros que otro con un crecimiento inferior.
La desestacionalización también puede mejorar la rentabilidad y el empleo
La distribución de la actividad turística a lo largo del año tiene implicaciones que van más allá de las estadísticas de llegadas.
Para los hoteles, uno de los principales beneficios potenciales consiste en aprovechar durante más meses instalaciones que requieren inversiones elevadas y que mantienen determinados costes incluso cuando la ocupación disminuye.
Una temporada comercial más amplia puede facilitar la amortización de esas inversiones y permitir una planificación más estable de las operaciones.
También puede contribuir a reducir la dependencia de la contratación temporal, siempre que exista suficiente demanda para mantener los establecimientos abiertos y sostener los puestos de trabajo durante periodos más prolongados.
En este contexto, los datos publicados este mismo martes por el Ministerio de Industria y Turismo ofrecen una referencia adicional sobre la importancia económica del sector. En septiembre, los afiliados vinculados a actividades turísticas superaron ligeramente los tres millones de trabajadores, un 4,7% más que un año antes.
La cifra supone 136.415 afiliados adicionales y sitúa el empleo turístico en el 13,7% del total de trabajadores afiliados en España.
Estos resultados no permiten atribuir directamente el crecimiento del empleo a la desestacionalización, pero muestran la dimensión de una actividad para la que la continuidad de la demanda resulta especialmente importante.
Para los destinos, una distribución temporal más equilibrada también puede favorecer el mantenimiento de servicios, comercios y actividades complementarias durante meses que tradicionalmente presentaban una menor actividad.
Sin embargo, los beneficios no son automáticos. Extender la temporada puede aumentar los costes operativos y generar nuevas necesidades de personal, conectividad y servicios públicos.
La rentabilidad dependerá de que la demanda adicional aporte suficiente valor económico y no se limite a incrementar el volumen de visitantes con un gasto reducido.
El desafío no es solo atraer turistas durante más meses, sino ofrecerles nuevas experiencias
Carlos Cendra ha destacado durante la presentación que la principal ventaja competitiva de España frente a otros destinos mediterráneos está relacionada con su capacidad para diversificar la experiencia turística durante las temporadas media y baja.
Desde esta perspectiva, el objetivo debe centrarse en garantizar una oferta suficientemente amplia y segmentada de actividades que permita atraer diferentes perfiles de viajeros.
La conclusión tiene implicaciones para las organizaciones de gestión de destinos y para las empresas privadas.
Durante años, muchas estrategias de desestacionalización se han apoyado en campañas promocionales o descuentos destinados a estimular la demanda fuera de los meses de verano. Aunque estas herramientas pueden resultar útiles, su capacidad para generar crecimiento sostenido depende de que exista un producto atractivo detrás de la promoción.
La nueva demanda identificada por The Data Appeal Company apunta hacia experiencias culturales, turismo familiar, bienestar, naturaleza y gastronomía. Son segmentos que requieren colaboración entre alojamientos, empresas de actividades, restauración, transportes y administraciones públicas.
También necesitan una oferta que pueda comercializarse de manera sencilla. La disponibilidad de experiencias reservables online, la información en diferentes idiomas y la coordinación entre proveedores pueden convertirse en factores importantes para atraer mercados internacionales.
En este sentido, la tecnología puede ayudar a identificar oportunidades mediante el análisis de la demanda, las búsquedas, las reservas y las preferencias de los viajeros.
Pero los datos solo resultarán útiles si se traducen en decisiones comerciales y en productos adaptados a los segmentos que cada destino quiere captar.
Más actividad fuera del verano no significa necesariamente menos saturación
El avance de la desestacionalización también plantea una cuestión importante desde el punto de vista de la sostenibilidad.
Distribuir la demanda durante más meses puede ayudar a reducir los picos de concentración turística, especialmente cuando una parte de los viajeros desplaza sus vacaciones desde los periodos de máxima afluencia hacia fechas con menor ocupación.
Sin embargo, si el crecimiento fuera de temporada se añade íntegramente a la demanda ya existente durante el verano, la presión turística anual puede aumentar sin que se reduzcan necesariamente los problemas de saturación.
La diferencia es relevante para destinos que ya presentan niveles elevados de ocupación o limitaciones relacionadas con el acceso a la vivienda, la movilidad y los servicios públicos.
Por tanto, la desestacionalización no debería medirse exclusivamente mediante el porcentaje de viajeros que llega fuera de temporada alta.
También conviene analizar la evolución de la demanda en los meses de máxima actividad, la distribución geográfica de los visitantes, el gasto turístico, la rentabilidad empresarial y los efectos sobre la población residente.
En destinos especialmente concurridos, la prioridad puede consistir en redistribuir parte de la demanda existente. En otros territorios, donde la actividad turística continúa siendo reducida durante buena parte del año, el objetivo puede ser atraer nuevos visitantes y desarrollar productos que generen oportunidades económicas.
Ambas estrategias requieren herramientas diferentes y no deberían evaluarse únicamente mediante el crecimiento del número de llegadas.
España gana una ventaja competitiva que debe convertir en valor
El estudio presentado en la VI Convención Turespaña confirma que España dispone de una posición favorable frente a otros grandes destinos mediterráneos en la distribución temporal de la actividad turística.
El 47,2% de la demanda fuera de temporada alta representa una ventaja significativa respecto a Italia y, especialmente, Grecia. La cultura continúa siendo el principal atractivo durante esos meses, mientras el turismo familiar y el bienestar ganan protagonismo.
Las ciudades refuerzan su posicionamiento cultural y comercial, la costa mediterránea combina estancias relativamente prolongadas con una oferta diversa y Canarias mantiene su condición de gran referente del turismo durante todo el año.
Al mismo tiempo, mercados como Argentina, Polonia y Brasil están contribuyendo a ampliar las oportunidades comerciales fuera de los periodos tradicionales.
Para los hoteles, los destinos y las empresas de distribución turística, el principal desafío consiste ahora en aprovechar esa demanda mediante estrategias que combinen segmentación, producto, conectividad y rentabilidad.
España ha demostrado que puede atraer visitantes durante buena parte del año. La siguiente etapa de la desestacionalización no debería centrarse únicamente en conseguir más turistas fuera del verano, sino en generar más valor económico y social con una actividad mejor distribuida entre meses, mercados y territorios.
Fuentes consultadas
- Europa Press — España concentra ya el 47% de su actividad turística fuera de temporada alta, por encima de Italia y Grecia
- La Razón — España concentra ya el 47% de su actividad turística al margen del verano
- El Debate — Casi la mitad del turismo en España se concentra fuera de temporada alta
- RTVC — Canarias, referente del turismo no estacional en España
- Turespaña — Análisis de segmentos turísticos internacionales: MICE, negocios, compras, enogastronomía y turismo premium
- La Moncloa — El empleo turístico supera los tres millones de afiliados en septiembre de 2026
- El País — Viajar fuera de temporada alta: los precios, la masificación y el clima cambian el turismo
