Alejandro Sepúlveda, consultor turístico

Publicado el 30 de mayo de 2019

El intenso debate que se ha generado en los principales destinos urbanos nacionales e internacionales en torno al modelo de alojamiento basado en las Viviendas de Uso Turístico (VUT) nos obliga a realizar, primeramente, una reflexión sobre los orígenes del concepto de “economía colaborativa”.

En este sentido, desde el punto de vista académico-científico, los autores Rivera, López y Cassidy (2017) indican que el origen de este fenómeno tiene una naturaleza fundamentalmente económica, cuando afirman textualmente que “el auge de la economía colaborativa coincide con la crisis del capitalismo global de 2008, y un ciclo de aumento del desempleo y la precariedad laboral. En esta situación gran parte de la población trata de buscar nuevas vías de ingreso, así como acceder a servicios más económicos y diversificados”.

En este sentido, se puede afirmar que el modelo de alojamiento turístico basado en el concepto de “economía colaborativa” es en gran medida un fenómeno económico, cuyo éxito se basa en la aparición de grandes multinacionales como Airbnb que operan en el ámbito digital y que han sabido conectar las nuevas necesidades de la demanda y la oferta turística dentro de un contexto socioeconómico de gran complejidad que se ha configurado tras la crisis económica que comenzó en 2008.

Dicho contexto se encuentra presidido por la existencia de dos realidades diferenciadas desde el lado de la demanda y de la oferta turística, y aquí es donde Airbnb identificó con gran acierto una oportunidad de negocio multimillonaria basada en la conexión de ambas realidades mediante el diseño de una plataforma digital:

  • Como consecuencia de los efectos de la crisis económica y financiera internacional, desde el lado de la demanda turística, los viajeros comenzaron a buscar oportunidades de alojamiento turístico más económicas que las procedentes del sector hotelero, y, por lo tanto, la variable precio se convirtió en uno de los factores clave del éxito del modelo de negocio basado con el concepto de “economía colaborativa”.
  • Adicionalmente, desde el lado de la oferta turística, los residentes en los principales destinos urbanos consideraron que el alquiler de sus propiedades inmobiliarias a través de una modalidad turística podría ser una buena alternativa para hacer frente a las consecuencias económicas derivadas del desempleo, la precariedad laboral y la creciente desigualdad.

Así, la identificación y posterior conexión de las dos realidades socioeconómicas anteriormente descritas dieron lugar al nacimiento del modelo de negocio basado en el concepto de “economía colaborativa” en el ámbito del alojamiento turístico.

De esta forma, parece evidente que Airbnb consiguió detectar con gran acierto las nuevas necesidades del mercado desde el lado de la demanda y de la oferta turística, implementando su modelo de negocio a escala planetaria y desarrollando una estrategia de marketing muy exitosa basada en la importancia de la autenticidad de la experiencia turística (Live like a local) y de una supuesta mayor sostenibilidad de este modelo de alojamiento turístico.

Sin embargo, desde el punto de vista académico-científico, podemos comenzar con la deconstrucción del concepto de “economía colaborativa”, dado que no debe confundirse en ningún caso con otras propuestas como el “renovado interés por la economía del bien común” (Vilas-Viñas y Barandiaran, 2015; y Subirats y Rendueles, 2016; citados en Rivera, López y Cassidy, 2017), ni tampoco con la economía social y solidaria.

Por lo tanto, se puede afirmar que ha existido un interés comercial por parte de las nuevas empresas digitales que operan bajo el modelo de la “economía colaborativa” por integrar dentro de su estrategia de marketing otros conceptos económicos muy diferenciados y que sí representan una importante apuesta por el desarrollo de una sociedad más sostenible.

Dichas afirmaciones coinciden plenamente con las palabras textuales del artículo de Rivera, López y Cassidy (2017, pp. 22-23), cuando indican que “los promotores de la economía colaborativa la presentan como una imparable marea sociocultural (Botsman y Rogers, 2012) que está transformando la sociedad, provocando una auténtica revolución colaborativa (Cañigueral, 2014) que promete generar relaciones económicas más sostenibles y beneficiosas para todo el mundo”.

Sin embargo, la sostenibilidad es uno de los principales problemas que actualmente se relaciona con el modelo de alojamiento turístico basado en el concepto de “economía colaborativa”, dado que, como bien señalan Rivera, López y Cassidy (2017), las principales plataformas digitales continúan expandiéndose por todo el mundo y generando importantes impactos sobre las comunidades locales receptoras de turismo.

Continuando con la deconstrucción del concepto de “economía colaborativa” y atendiendo a las consideraciones realizadas por Rivera, López y Cassidy (2017), se debe indicar que las plataformas digitales como Airbnb no pueden considerarse como economía colaborativa en su sentido más estricto, dado que se trata de empresas multimillonarias que en ocasiones superan el valor bursátil de las principales cadenas hoteleras, como sucede con el caso de Marriott Hotels & Resorts.

De esta forma, desde un punto de vista completamente objetivo y basado en las investigaciones desarrolladas por Rivera, López y Cassidy (2017), debe afirmarse que Airbnb es una empresa con un modelo de negocio basado en una elevada rentabilidad y unos reducidos costes marginales que nació al amparo de la revolución digital.

Consecuentemente, resulta muy importante destacar que “la economía colaborativa es en buena medida el resultado del proceso de maduración (y capitalización) de los modelos de negocio digitales, gestados en Sillicon Valley al calor de las inversiones de capital riesgo que allí se concentran en busca de proyectos rentables que financiar” (Rivera, López y Cassidy, 2017, p. 24).

De esta forma, el concepto de “economía colaborativa” ha surgido como resultado de un proceso de desarrollo de los nuevos modelos de negocio digitales, pero en ningún caso se ha tratado de una consecuencia natural derivada de la iniciativa de los ciudadanos por alcanzar un modelo económico más sostenible.

De hecho, dentro de los profesionales e investigadores del sistema turístico se ha extendido la hipótesis de que el modelo de alojamiento turístico basado en el concepto de “economía colaborativa” está provocando problemas de sostenibilidad en los destinos, debido a los siguientes impactos:

  • Expulsión de la población local residente en el centro las ciudades, debido principalmente al incremento del precio de los alquileres, así como al fenómeno inflacionista que se produce sobre el comercio local y a la contaminación acústica (Sepúlveda, 2018).
  • Incremento exponencial de las llegadas de turistas debido al crecimiento descontrolado de la oferta de viviendas de uso turístico (VUT) que provoca también la superación de los umbrales máximos de capacidad de carga física y psicológica dentro de los destinos turísticos afectados, generando también procesos asociados de masificación y gentrificación (Sepúlveda, 2018).
  • Rechazo de la población local a la llegada masiva de turistas, una situación que se ha vivido con gran intensidad en el caso de Barcelona, donde la “turismofobia” se ha convertido en una importante preocupación sociopolítica para determinados stakeholders del sistema turístico de la ciudad y para los principales partidos políticos.
  • Mercantilización de la experiencia turística y transformación del paisaje urbano, como resultado del crecimiento exponencial de las llegadas de turistas debido al aumento no planificado de la capacidad de alojamiento turístico de las ciudades. En efecto, este impacto ha sido recientemente investigado en el caso de Donostia-San Sebastián por parte de la Universidad Complutense de Madrid dentro del proyecto “Estudio sobre los impactos del turismo y los desafíos de su crecimiento equilibrado en la ciudad de Donostia-San Sebastián” (García, De La Calle, Yubero y Vega, 2017).

En conclusión, nos encontramos ante un modelo de negocio multimillonario y digital que ha provocado el desarrollo de un fenómeno masivo de alojamiento turístico con importantes impactos económicos, socioculturales y medioambientales que, según las consideraciones de los investigadores mencionados, se ha disfrazado bajo el concepto de la “economía colaborativa” para ampararse en las connotaciones positivas de la economía solidaria, de la sostenibilidad turística y de la autenticidad de la experiencia con el objetivo de obtener una buena reputación corporativa.

Referencias bibliográficas

  • García, M., De La Calle, M., Yubero, C. y Vega, P. (2017). Estudio sobre los impactos del turismo y los desafíos de su crecimiento equilibrado en la ciudad de Donostia-San Sebastián. Grupo de Investigación de Turismo, Patrimonio y Desarrollo, Departamento de Geografía Humana, Universidad Complutense de Madrid.
  • Rivera, J., López, Á. J. G., & Cassidy, P. (2017). La economía colaborativa en la era del capitalismo digital. Revista de Estudios para el Desarrollo Social de la Comunicación, (15), pp. 20-31.
  • Sepúlveda, A. (2018). Apuntes de la asignatura Estrategia Comercial y Nuevas Tecnologías, (Inédito), Máster Universitario en Dirección y Gestión Hotelera Internacional Online, Universidad Europea de Canarias.

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Consultor de Turismo y Dirección Hotelera, Director del Master in International Tourism Management en EAE Business School (Madrid), Docente Universitario en la Universidad Carlos III de Madrid, en la Universidad Europea de Canarias y en la Universidad Rey Juan Carlos. Alejandro Sepúlveda cuenta con nueve años de experiencia profesional en la hotelería nacional e internacional, intermediación turística y consultoría estratégica de turismo, así como numerosos méritos académicos y tres publicaciones académicas en el ámbito del turismo.

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