Como ya hemos comentado en anteriores ocasiones, Uber es una de las compañías que con más fuerza está apostando no sólo por los vehículos autónomos, sino por los coches voladores. La compañía está convencida de que puede realizar las primeras pruebas en 2020. Sin embargo, un artículo publicado en Futurism pone en cuestión la viabilidad del proyecto. Para ello, se basa en la inexistencia de la tecnología necesaria para llevar a cabo esta idea futurista.

En cualquier caso, la compañía revelará sus planes para Uber Elevate, su servicio de taxi aéreo durante los próximos dos días en la segunda Cumbre anual de Elevate, que es el nombre del proyecto.

Uber imagina un futuro en el que los habitantes de las ciudades puedan deslizarse sobre los atascos en una especie de  híbrido de avión eléctrico o helicóptero, un vehículo vertical de despegue y aterrizaje (VTOL).

Supuestamente, este taxi volador será silencioso, lujoso, limpio, más barajo que coger un coche y, algún día, autónomo.  Para colmo, la compañía, que ha perdido más dinero del que la mayoría de la gente puede imaginar, planea comenzar a probar el servicio en solo dos años.

Según Futurism, todo lo que Uber debe hacer para darle vida a este proyecto es diseñar nuevas baterías eléctricas, descubrir la logística necesaria para coordinar miles de vuelos por día, entrenar suficientes pilotos certificados por VTOL que eventualmente serán eliminados y reemplazados por un sistema de pilotaje autónomo y diseñar un sistema de pilotaje autónomo. Si pueden hacer todo eso sin perder primero todo su dinero, entonces el proyecto será posible.

Uber tiene otros problemas añadidos. Según informa hoy TechCrunch, la causa del accidente que causó la vida a un peatón el pasado mes en Arizona puede tener que ver con el software del coche. Al parecer, se trata específicamente de una función que determina qué objetos ignorar y a cuáles prestar atención.

De demostrarse este extremo, quedaría probado que la culpa del accidente tuvo que ver con el propio coche, y no únicamente a la acción inesperada del peatón.

Dada la multiplicidad de sistemas de visión que incluye un vehículo autónomo, parecía imposible que ninguno de ellos pudiera haber evitado que los sistemas del coche percibieran a Elaine Herzberg. Sin embargo, el coche ni siquiera tocó los frenos ni hizo sonar una alarma. Combinado con un conductor de seguridad pendiente de otras cosas, este fracaso resultó en la muerte de Herzberg.