Publicado el 12 de julio de 2022

Por Raúl Domínguez, CEO de Maarlab

Hace unas semanas, el Consejo de Ministros dio luz verde a la inversión de 110 millones de euros procedentes de fondos europeos para la mejora de la competitividad turística de las Islas Baleares, las Islas Canarias, Ceuta y Melilla.

De este dinero, aproximadamente 50 millones irán a parar a Canarias, otros 50 millones a Baleares y el resto se repartirá entre cada una de las ciudades autónomas. Pero, ¿este nuevo paquete de ayudas contribuirá realmente a transformar la industria turística de estas regiones o es solo un parche momentáneo?

La teoría la conozco bien. Tales subvenciones, al igual que otras que llegan periódicamente desde Bruselas, tienen el objetivo de impulsar estrategias de resiliencia turística para compensar la vulnerabilidad ante imprevistos que puedan provocar fuertes caídas en la demanda. Suena bien, ¿no? Pero en la práctica, ¿en qué se traduce esto?

Lo cierto es que el abanico de posibilidades que abren estas subvenciones es bastante amplio: recualificación de infraestructura turística obsoleta, inversión para mejorar espacios públicos como playas, senderos y servicios, formación de jóvenes en el ámbito del turismo, desarrollo de productos turísticos alternativos al de sol y playa, impulso de la digitalización, etc. Pero, todo esto, a falta de que se materialice en acciones concretas, es solo teoría.

La realidad es que, al igual que ha sucedido con otros paquetes de dinero provenientes de los fondos europeos, esta inyección económica podría traer consigo un cambio real de la industria, pero también podría no pasar de ser otra cosa que pan para hoy y hambre para mañana. Todo dependerá de si se usa pensando en el futuro de todos o en las urgencias de algunos.

Los fondos europeos son una de las claves para la transformación de la industria turística

Con independencia de lo que suceda con este último paquete de ayudas europeas, no hay que olvidar que si de algo son capaces estas subvenciones es de generar debates de alto voltaje.

Al principio de este artículo, se planteaba si este tipo de inversiones puede contribuir a la evolución de la industria turística o es solo una forma de tapar unas goteras que, inevitablemente, volverán a aparecer. Pues bien, llegados a este punto es necesario subrayar que, en buena medida, la resolución de esta cuestión varía en función de cómo se repartan estos fondos y de la capacidad de los organismos públicos y privados de colaborar entre sí.

La inyección de recursos económicos puede utilizarse para acumular más cemento sobre nuestras costas y continuar así con el viejo modelo turístico o, por el contrario, se puede emplear para impulsar una transformación de modelo que coloque a España a la cabeza de la innovación turística.

Pero, para que esto ocurra, es importante tener bien definido un criterio de reparto de los recursos. Si se quiere apostar por el futuro, hay que priorizar directrices como la digitalización, la innovación y la sostenibilidad para que la industria turística no dependa solo de la ocupación de sus hoteles, sino que también pueda beneficiarse de la exportación de soluciones tecnológicas y conocimiento a destinos de todo el mundo.

La colaboración público-privada como eje del nuevo modelo

Si los fondos europeos se utilizaran de manera correcta, España tendría en sus manos la oportunidad de convertirse en un auténtico hub de innovación turística, pero para lograrlo es necesario un esfuerzo colectivo por parte de instituciones públicas y privadas.

De lo contrario corremos el riesgo de perder atractivo tanto para los futuros visitantes de nuestro país como para los trabajadores de nuestra industria turística.

La cooperación y la cohesión social, ahora más que nunca, son piezas irremplazables para abrir paso al mejor de los futuros para el turismo.

Por ello, es vital que nos despojemos de viejas mentalidades como la de pensar exclusivamente en nuestro negocio y que comencemos a fijar objetivos comunes para involucrarnos en proyectos de mayor calado. Solo estableciendo alianzas entre las empresas privadas y las administraciones públicas se aumentará la capacidad de expansión del tejido industrial español.

Y esto es un paso básico a la hora de fomentar un cambio de modelo en la industria turística. ¿Y cuál es la mejor estrategia para labrar alianzas público-privadas? La respuesta la veo clara: implicando a los gobiernos regionales y hacerles ver que es su responsabilidad destinar parte de los fondos europeos a apoyar aquellos proyectos del sector privado que aporten innovación y crecimiento.

Solo así estarán contribuyendo a la creación de puestos de trabajo de calidad para las nuevas generaciones y a la consolidación de un nuevo modelo turístico más sostenible y eficiente. La pelota está en su tejado.

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