Anna Jiménez y Enric López C.

Publicado el 30 de marzo de 2021

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Continuamos con esta serie de entrevistas que realizamos a mujeres del sector traveltech y emprendedor, principalmente, que creemos que pueden aportar, además de su experiencia (de incalculable valor), una visibilidad única para seguir “rompiendo” barreras, “techos de cristal”, y servir de inspiración, de motivación, para que otras mujeres no abandonen ni sus aspiraciones profesionales ni sus proyectos emprendedores.

En esta ocasión hablamos con Laura Rampérez, CEO y cofundadora de Inturea, agencia de branding y marketing digital especializada en hoteles, proyecto que lidera desde hace 6 años y que ha conseguido posicionarse como uno de los proveedores de referencia para las marcas turísticas que quieren atraer viajeros que priorizan vivir una experiencia única por encima del factor precio a través de una visión integral del Traveller Journey que funde la experiencia digital con la offline.

¿Qué relación tienes con el mundo del emprendimiento? ¿En qué momento decides convertirte en emprendedora (o intraemprendedora)?

Creo que he tenido la actitud toda mi vida. Recuerdo de pequeña jugar con recibos de facturas y tener una agencia de viajes, encontrar una forma para que toda mi familia pudiera tener el recetario de la abuela a su alcance… Sin embargo, en el momento que descubrí el mundo digital, mi cabeza solo pensaba en cómo solucionar problemas con webs y apps; llenaba libretas con ideas y me pasaba horas imaginando esa mejor vida con mis soluciones.

Sin embargo, hubo un momento en el que vi claro que era mi momento para lanzarme, aunque estaba recién licenciada y con muy poca experiencia profesional, pero tenía esa ilusión de intentarlo y con ello encontrar una excusa para volver a sa roqueta (así es como llamamos los locales a Mallorca), y encontrar mi propio camino.

Fue el inicio de un estilo de vida, que aún a día de hoy me acompaña, en el que priorizo mi motivación y creatividad en mi día a día. Disfruto viendo cómo las ideas cogen forma y cómo eso ayuda realmente a la gente. No por ello descarto trabajar en algún momento por cuenta ajena, pero pienso que mi actitud emprendedora me va acompañar allá donde esté.

¿Nos puedes explicar más acerca de tu último proyecto?

El proyecto al que le he destinado mis últimos años, pasión y motivación, ha sido Inturea. Es una agencia de branding y marketing digital para hoteles. Ayudamos a marcas hoteleras con visión innovadora a que su cliente ideal los elija, gracias a un enfoque estratégico, definiendo y potenciando su esencia.

Inturea nace como un experimento donde poder comprobar que las ideas de estilo de empresa, así como el servicio de calidad y especializado, tenían cabida en el modelo empresarial actual.

Queríamos demostrarnos que se podía crear un entorno motivador, donde las personas fueran importantes y escuchadas, donde el conocimiento colectivo fuera el que impulsa y reta la calidad del servicio. Y esta ha sido gran parte de la premisa en la que hemos trabajado, aportando así mayor foco y mejores resultados a los clientes.

El punto de partida que tenemos de trabajo siempre es la marca, el negocio, la esencia. Me parece fundamental entender (y en muchos casos definir) la identidad que hace único al hotel y, por tanto, el resto de acciones (y en realidad, debería ser toda la empresa) deben estar totalmente alineadas con la misma para así tener coherencia, un aspecto fundamental para la identificación del cliente y empleado de la empresa hotelera.

El sentimiento de pertenencia es lo que realmente mueve los engranajes de la visibilidad, de la diferenciación, de la rentabilidad…, por lo que animamos a revisar todo lo que se hace en un hotel, si está o no alineado con dicha identidad.

Además, para nosotras todo trabajo requiere de un planteamiento estratégico constante en todo el proceso de marketing, que defina un por qué y para qué, lo cual es esencial para alinear los objetivos como también las acciones necesarias y no dejarnos llevar por gustos o tendencias sin posibles resultados alineados con lo que realmente se está buscando.

¿Cuáles son los principales retos que has afrontado como mujer emprendedora?

El principal reto que me he encontrado, en mi caso, es el síndrome del impostor y tener la certeza de ofrecer algo que fuera realmente de valor para el cliente.

Tengo formación académica en ingeniería industrial y, como tal, al terminar la carrera fue cuando me pregunté ¿y ahora qué hago? ¿qué sé hacer? ¿qué quiero hacer? A todas esas preguntas no tenía una respuesta clara.

Fue cuando me di cuenta que llevaba funcionando con un piloto automático sobre lo que “debía”, y no me había parado a pensar sobre lo que realmente quería y hacia dónde quería ir. En ese momento, en plena crisis, con un salto de confianza y escuchándome sobre lo que quería hacer (casi por primera vez), decidí pedir ayuda a mis familiares con una descripción de lo que sí quería hacer dejando de lado (aparentemente) mis estudios y mi historia anterior.

En ese momento, tuve la oportunidad de iniciarme en el mundo digital en una consultoría tecnológica, y fue como un amor a primera vista. Sabía que mi futuro iba a estar en el mundo digital seguro, lo veía de forma apasionada; pero, ¿yo era realmente una profesional de este ámbito cuando mi formación no había estado relacionada con ese mundo? Realmente con el paso del tiempo me he dado cuenta que la formación no define tu valía, sino que es una herramienta para lo que quieras conseguir.

Vinculado con el síndrome del impostor, quería estar segura de que el servicio que ofrecía aportaba realmente algo al cliente y no era una apariencia. Que el cliente sea capaz de identificar tu servicio y que realmente le ayude, es mi misión. Puede parecer una vaguedad u obviedad, pero, sin embargo, creo que muy fácilmente podemos pecar de no entender el día a día de nuestro cliente y lo que realmente él necesita versus lo que queremos nosotros. Y para mí ha sido, y es clave, hablar mucho con el cliente y estar cerca de él.

Por tu experiencia y vivencias personales, ¿has notado la existencia del «techo de cristal»?

Diría que el único techo que he sentido es el que me he puesto yo misma, con mis miedos. Como comentaba antes, venimos con unas creencias sobre qué es ser un buen profesional, tener una empresa, ser éticos, etc.

Nos ponemos un listón alto sobre los conocimientos que debemos tener, la experiencia que debemos demostrar, la seguridad en la que debemos trabajar con el cliente y con el equipo, la honestidad a la hora de trabajar, la resiliencia, las aptitudes sociales y de líder para formar parte de un equipo unido y cohesionado. Y así un largo etcétera que nos marcan un muro de presión.

Sin embargo, cuando realmente estás en el campo de batalla, salen a la luz la otra cara de todas esas creencias, recordándote que debes enfrentarte a esas situaciones para realmente aprender y definir tu estilo único de vida profesional.

Es una oportunidad para sacar y pulir la autenticidad que todos tenemos, en el que nos alineamos con lo que sí creemos y nos representa. Estoy convencida de que es un camino constante, como el que va poco a poco desmontando ese muro del que hablaba.

No existe una única forma de concebir nuestra vida laboral y profesional. Y eso precisamente es lo que nos hace únicos y encontrar el equilibrio haciendo equipo.

¿Qué consejos le darías a esas mujeres que se están planteando emprender para que se decidan a desarrollar sus propios proyectos?

Que escuchen lo que quieren hacer, cuál es su motivación real, que se dejen llevar por sus inquietudes y conseguirán lo que buscan. Sin condicionarse por creencias.

Creo que lo que más nos falta es conectar con nuestras motivaciones. Durante mucho tiempo se ha querido separar la vida laboral y profesional de la personal, cuando en realidad somos la misma persona en todo momento que vivimos en diferentes situaciones donde debemos alinearnos con las prioridades de cada situación.

Si nos preocupa algo de alguna de las áreas, nos preocupa durante todo el día; si nos anima y motiva algo, nos ayuda todo el día. Lo que quiero decir es que, siguiendo con la idea de Inturea, debemos entender quién somos y cuáles son nuestras inquietudes, nos debemos escuchar.

Me parece muy potente ser honestos con nosotras mismas (algo que no siempre es fácil) y como mínimo, explorar y experimentar con lo que nos inquieta. Todo lo que podamos aprender de ese camino es positivo y enriquecedor, ya que no existe el error o la equivocación en ello, ¿no?

Para mí ha resultado primordial trabajar esa parte de esencia personal y la gestión emocional del proceso con ayuda de un coach.

Emprender es un camino lleno de aventuras y de situaciones retadoras (como también de situaciones donde te sientes muy realizada) que debemos afrontar aprendiendo lo máximo posible, así como también para la mejora del proyecto que gestionamos.

Y muchas veces dicho proceso, según mi opinión, no es sencillo afrontarlo sola, ya que estoy sumergida en el día a día y en la resolución de las situaciones que me desconectan de mí misma, y no tengo una visión objetiva ni serena con la que realmente poder tomar decisiones honestas conmigo y que apoyen el largo plazo del proyecto.

En esos momentos, tener un coach al lado con el que reflexionas sobre cómo te sientes y qué quieres, así como también que te ayude a cuestionar tus acciones, me ha ayudado a conocerme mejor. También me ha ayudado a entender el camino que quería tomar, así como a aprender más y mejor de las situaciones vividas.

A lo largo de tu carrera profesional, has conseguidos grandes logros, ¿De cuáles estás más orgullosa?

Puedo decir que la evolución de Inturea en pocos años ha sido uno de mis grandes logros. Y voy a partir de un ejercicio que nos hizo hacer nuestro coach cuando llevábamos tres meses de vida con la empresa y fue imaginar cómo nos veíamos a los 5 años de ese momento.

Recuerdo perfectamente ese ejercicio, por lo que siempre me ha costado imaginar a futuro, y entre risas, vergüenza y poca creencia en las posibilidades que teníamos, me imaginaba un equipo de 8 personas.

Cuando llevábamos poco más de un año, se nos presentó la oportunidad de crecer mucho en poco tiempo: pasamos de ser 3 personas en una oficinita interior y sin luz natural, a (en 2 meses) ser 12 personas instalados en una oficina grande, a pie de calle, y con un proceso de reforma por en medio.

Esos meses fueron muy intensos y estresantes, aunque, a la vez, muy gratificantes, además de sorprendida por haber conseguido ya la imagen que me había planteado un año atrás. Años después, he desmitificado el crecimiento profesional y empresarial con el crecimiento del equipo, pero eso ya es para otra ocasión.

Por otro lado, puedo decir con orgullo que hemos conseguido tener dentro de nuestra cartera de clientes muchos de los grandes referentes dentro del turismo. Alguno confió desde muy pronto en nuestros inicios, y eso nos ha ayudado a generar confianza a muchos otros clientes.

De tu recorrido profesional, ¿cuáles dirías que han sido tus mayores aprendizajes?

El recorrido del aprendizaje es constante y muy enriquecedor, ya que son las herramientas que tenemos para seguir explorando y creciendo profesionalmente. En este caso, me focalice en cuatro aprendizajes centrados en mi experiencia más reciente relacionada con Inturea:

  1. La gestión del equipo es lo que más tiempo requiere. Cuando empezábamos, pensaba que lo que me iba a representar más esfuerzo, tiempo y foco sería el propio servicio a los clientes. Sin embargo, para mí ha sido la gestión del equipo. También es verdad que siempre he tenido como prioridad la unión del ámbito personal y profesional de los miembros del equipo, ya que se trata de la misma persona y es importante verlo como algo unido e indivisible, a la vez de la importancia de la satisfacción del equipo como parte del valor humano, así como un aspecto fundamental al tratarse de una empresa de servicios.
  2. Sentimiento de pertenencia real. Durante muchos años no hemos parado de crecer en equipo y también en proyectos. Y en todo este camino, algo en lo que hemos puesto mucha atención, ha sido trabajar en la coherencia y consistencia de nuestra cultura de empresa y el equipo que la formamos. Cuando eres un equipo pequeño, sale de forma muy natural y orgánica, y si alguien no comulga con ella, es fácil de detectar y, por tanto, de trabajar. Sin embargo, al crecer y delegar, ha representado un auténtico reto poder identificar esa afinidad entre todo el equipo.
  3. El tamaño del equipo no es síntoma de crecimiento. Como comentaba antes, tenemos una concepción social que cuanto más grande sea un equipo o empresa, mejor deben ir las cosas. Y creo que el planteamiento conviene cambiarlo, ya que el crecimiento de un proyecto debería ir relacionado con la motivación y ambición real y esencial de los emprendedores, y eso pueden ser muchos factores que no estén relacionados con el tamaño del equipo, como puede ser tener más tiempo libre, sentir libertad para poder decidir lo que quieres hacer, poder experimentar y aprender de primera mano, y una larga lista que cada uno seguro que puede rellenar con su propia experiencia.
  4. La diversificación es necesaria para la sostenibilidad de la empresa. Nuestro foco ha estado puesto en el servicio que ofrecemos a los clientes y cómo lo mejoramos, pero he aprendido que, para conseguir tener la empresa de la forma más “sana” posible, debemos tener diferentes vías de ingresos complementarios entre sí. Pero eso no significa perder el foco, ya que todas esas líneas de negocio pueden surgir de la misma esencia. Debemos buscar fórmulas que nos ayuden a no generar situaciones de riesgo, y para mí eso es “tener los huevos en diferentes cestas”.

Anna Jiménez es CoFounder Women in eTravel & Director Strategic Partnerships KAYAK. Enric López C. es profesor e investigador CETT-UB & director emprendimiento CETT Fundació.


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