El cierre total que ha sufrido el sector turístico a causa de la pandemia comporta una situación de emergencia absolutamente extraordinaria.

Desde la perspectiva particular de las empresas turísticas, no hay duda que la gestión de la situación actual es muy complicada y que deben buscar el modo de recuperar progresivamente su actividad, pero la recuperación no sólo va a depender de su capacidad financiera, de resiliencia y de innovación para ofrecer productos turísticos que aporten confianza a los consumidores.

En medio de este panorama hemos tenido la oportunidad de charlar con Maria Abellanet i Meya, CEO del CETT.

En el actual contexto, ¿cómo ves la recuperación en nuestro sector?

El sector todavía depende de las restricciones de apertura y de los condicionantes de movilidad que dificultan la llegada de clientes. Sin clientes no hay sector. Más que nunca se debe focalizar en propuestas muy concretas para el corto plazo, que el cliente perciba que les estamos esperando, sin perder la perspectiva del medio y largo plazo. Combinar esta doble velocidad será clave para la supervivencia inicial de las empresas, así como para generar un futuro basado en la sostenibilidad, la competitividad y la excelencia.

A nivel global, mis perspectivas respecto el sector turístico en general son optimistas. En primer lugar, porque el turismo es la industria de la felicidad, y el deseo de la gente de vivir experiencias con otras personas, otras culturas, en la naturaleza, o disfrutando del arte y la cultura es inherente a la persona.

El turismo no desaparecerá. Con el confinamiento hemos visto limitada nuestra libertad de movimientos en pro de la seguridad, pero la necesidad de socializar y de recuperar la sensación de libertad que tenemos a través del viaje y la experiencia turística persiste.

En segundo lugar, porque el sector, empresas y destinos turísticos, están en condiciones de ofrecer seguridad y confianza con la implantación de nuevos protocolos y prácticas responsables durante la recuperación de la actividad.

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Y, en tercer lugar, porque el sector turístico es consciente de las oportunidades que la tecnología y la innovación pueden aportar para superar este contexto, y las sabrá aprovechar para repensarse y transformarse.

¿Podrías explicar cómo ha sido la experiencia del Hotel Alimara Barcelona como colaborador con las autoridades sanitarias?

La experiencia del Hotel Alimara Barcelona ha sido impresionante y conmovedora. Nunca habíamos vivido una emergencia sanitaria de estas características, pero desde el primer momento quisimos dar todo nuestro apoyo a la comunidad y ser parte de la solución.

Para ello, pusimos inmediatamente el Hotel Alimara Barcelona a disposición del Hospital Universitario Vall d’Hebron, para que el centro pudiera contar con espacios complementarios y que además estuvieran cerca. También ha cedido camas y supletorios con la máxima celeridad, respondiendo a peticiones urgentes del Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya y del Ajuntament de Barcelona.

La adaptación del hotel fue rápida ya que en una semana, gracias al esfuerzo y dedicación del equipo,l as instalaciones estaban preparadas. Todo el personal recibió formación y se transformaron espacios, procesos, servicios… fue un reto, pero sin duda nos dio la oportunidad de superarnos y contribuir a hacer frente a la COVID-19.Todo con la máxima profesionalidad y corazón para atender a unos huéspedes muy especiales.

Esta iniciativa recoge los valores que definen el CETT, con el compromiso con el entorno local y la sociedad, la sostenibilidad y la conexión entre personas como fundamentos.

En tu opinión, ¿cuáles serían los puntos claves para acelerar esta recuperación?

Desde mi punto de vista, la situación obliga a un cambio de perspectiva. Además de ser confiables, para acelerar la recuperación el sector y los destinos deberían trabajar unidos, con unos objetivos muy transversales y compartidos, orientados a la sostenibilidad y a la competitividad. Ser capaces de pasar a la acción y actuar en tiempo real mientras se mantengan los cambios e incertidumbres derivados de la pandemia, a la vez que se pone en el centro de la actividad turística la dimensión humana del turismo, es decir, el encuentro activo entre personas de distintos orígenes, la acogida, la experiencia compartida.

Desde el CETT, ¿qué medidas estáis adoptando para adaptaros de cara al futuro?

Con el objetivo claro de seguir impartiendo una formación relevante y de calidad a los estudiantes y garantizar la mínima afectación al cumplimiento de los objetivos del curso y del calendario académico, el CETT, desde el primer día de declaración del estado de alarma, ha seguido prestando sus servicios de formación en línea, lo que ha significado una rápida transformación.

Es destacable la adaptación del equipo de profesores y de toda la organización para dar una respuesta eficaz a los estudiantes, que, sin duda, también han demostrado una gran capacidad de resiliencia y adaptación a la nueva situación.

Desde el CETT tenemos una gran responsabilidad con toda la comunidad y, especialmente, con el alumnado y las familias que confían en nosotros, y sin duda seguimos transmitiendo todos conocimientos y competencias que necesitan los jóvenes que quieren dedicar su talento al turismo, la hotelería o la gastronomía.

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Para afrontar el reto de cambio de modalidad de formación, el centro ha destinado, e incluso aumentado, todos los recursos técnicos, económicos y de personal necesarios para garantizar el desarrollo de las clases, migrando así hacia un formato en línea.

La calidad de las clases ha sido posible gracias al campus virtual propio del CETT y a las nuevas plataformas contratadas que han permitido el desarrollo de sesiones sincrónicas que facilitan la interacción, visibilidad, audio o la grabación de sesiones, entre otras funcionalidades, y garantizan la interacción entre el docente y el alumno en tiempo real.

Por lo tanto, cabe destacar que todos los estudiantes han tenido acceso a la interacción con el docente en tiempo real, aspecto que se establece tanto en el formato presencial como en el formato en línea sincrónico que se ha implementado.

El CETT ofrece al alumnado un modelo de aprendizaje integral que permite impartir una formación de calidad y en el que el alumnado es el centro y su razón de ser.

En ese sentido, teniendo en cuenta que los estudiantes están muy acostumbrados a las herramientas digitales, el CETT integra en su formación las tecnologías educativas y las herramientas virtuales necesarias para un aprendizaje completo, contando con su propio campus virtual, el uso de tecnología móvil y estando en contacto permanente con entidades y referentes del sector.

¿Qué papel juega la innovación en todo este proceso?

La innovación forma parte también del modelo pedagógico del CETT, que integra metodologías de aprendizaje activas que permiten el trabajo crítico, analítico, reflexivo y creativo en las aulas, además de fomentar la autonomía, el liderazgo y el emprendimiento entre los estudiantes.

El aprendizaje práctico en las instalaciones y servicios del campus es una parte fundamental de la propuesta del CETT.

Todo ello posible gracias a la experiencia y rigor del profesorado del centro, formado por doctores, profesionales académicos y profesionales en activo, que garantizan una formación de alto rigor. Asimismo, dispone de un amplio conocimiento y contacto con el sector profesional que forma parte activa de la formación, y de la generación de conocimiento a través de proyectos de investigación aplicada.

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Afrontamos el futuro con ilusión y confianza, conscientes de que la digitalización es uno de los elementos alrededor de los cuales pivotará nuestra labor formadora e investigadora.

Como centro de referencia y excelencia en formación en turismo, hotelería y gastronomía, adscrito a la Universidad de Barcelona y con 50 años de experiencia, asumimos el reto de formar profesionales con una mirada crítica y competencias para trabajar en un sector en transformación. Con responsabilidad, ética, y comprometidos con la sostenibilidad.

¿Cómo imaginas que serán los viajes en los próximos meses? ¿Habrá mecanismos o costumbres que permanecerán en el tiempo una vez se encuentre una vacuna?

Sería temerario aventurar afirmaciones contundentes sobre el turismo del futuro, pero podemos intuir algunas ideas, que pueden ser incluso contradictorias.

En los próximos meses, después del confinamiento, puede que haya un interés y una revalorización del viaje, ya que la época de confinamiento nos ha subrayado el placer de ver lugares distintos y conocer culturas y personas diferentes.

Pero, a la vez, quizás impere la prudencia y, por lo tanto, se valorará el consumo turístico que tenga poco riesgo, es decir, el turismo de proximidad y sostenible.

La gente tenderá a viajar a aquellos lugares que les ofrezcan confianza y todo lo que es próximo siempre da más confianza que lo que está lejos. Asimismo, viajar a destinos lejanos y con un nivel de desarrollo económico bajo podrá conllevar sensación de inseguridad. Además, aumentará la demanda por el turismo sostenible.

Esta precaución puede mantenerse en los próximos años y, en este sentido, puede que las personas sean más reacias a viajar a lugares masificados, lejanos, sin un sistema sanitario seguro o que hayan sufrido excesivamente durante la crisis de la COVID-19.

Puede, además, que, a la larga, en los viajes los turistas busquen más el contacto humano que nos ha faltado durante este tiempo y tengan mayor interés por conocer las comunidades del destino visitado que no de ver atractivos turísticos concretos.

Algunos de los cambios van a tener un carácter permanente, mientras que otros simplemente serán temporales. Por ejemplo, la demanda de un turismo más sostenible va a perdurar en el tiempo, mientras que la demanda de medidas de protección elevadas serán temporales.

De todos modos, el momento en que se descubra la vacuna va a ser clave. Cuanto más tarde se descubra, mayores pueden ser los cambios en los hábitos de consumo turístico.

De todos modos, el sector turístico y el mundo académico deben juntar esfuerzos para interpretar estas tendencias que puedan surgir y darles la respuesta desde el conocimiento y la investigación aplicada.

Desde el CETT creemos que el contacto con el sector es esencial y, para ello, mantenemos una estrecha y comprometida relación con las empresas e instituciones del sector, que nos permite conocer de primera mano las necesidades reales del mundo del turismo, la hotelería y la gastronomía y, así, formamos a los profesionales del futuro en base a las habilidades que necesitarán para dar respuesta a los retos que plantea el sector.

¿Crees que esta crisis puede ser una oportunidad para algunas empresas turísticas, especialmente en lo que refiere a su proceso de digitalización?

Esta crisis puede ser una oportunidad y, además, va a suponer un antes y un después en el proceso de digitalización, ya que va a suponer una nueva forma de conceptualizar, comercializar y producir los servicios turísticos así como una nueva forma de consumirlos. Se ha iniciado un camino de no retorno en lo referente a la digitalización y se van a abrir muchas oportunidades para aquellas empresas turísticas que sepan aprovecharlo.

En lo que se refiere a la formación, ¿qué cambios ha producido y producirá la actual crisis?

En el ámbito de la formación sin duda la necesidad de priorizar la salud y la seguridad tanto del alumnado como de todo el personal de los centros ha obligado a tomar medidas y transformar la docencia para que pueda realizarse en la modalidad no presencial.

En el contexto actual, la formación es más importante que nunca para afrontar un futuro cambiante y un sector que necesitará todo el talento posible para reinventarse.

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En este contexto, la formación orientada al sector, que integre en su programa las necesidades de las empresas y los destinos turísticos, tendrá un gran valor para dar respuesta a los desafíos del entorno actual. Además, la formación continua de los profesionales marcará una gran diferencia entre las empresas.

Junto con la formación, la investigación y la cooperación de los diferentes agentes del sector para superar los retos que plantea el futuro toman una gran importancia.

Competencias y conocimientos como la resiliencia, la creatividad, la mirada innovadora, la adaptabilidad y capacidad de análisis y aprendizaje de los profesionales del sector son y serán indispensables en este nuevo contexto, habilidades que la formación brinda y que son fundamentales para el futuro.

La investigación será también fundamental para generar conocimiento experto y adelantarnos para poder tomar decisiones con un conocimiento amplio y riguroso de la situación.

En ese sentido, el CETT-UB, que este año celebra el 50 aniversario, apuesta por la investigación aplicada, colaborando i manteniendo una estrecha relación con las empresas del sector para hacerlo más fuerte y contribuir, así, a la recuperación de la crisis.


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