La ciudad de Benidorm acaba de conseguir uno de los reconocimientos medioambientales más importantes que concede la Unión Europea a los municipios de tamaño medio. Durante una ceremonia celebrada el 8 de octubre en Guimarães (Portugal), la Comisión Europea anunció que la localidad alicantina y Estarreja compartirán el título European Green Leaf 2028, mientras Zaragoza será la Capital Verde Europea de ese mismo año, en la categoría reservada a ciudades de más de 100.000 habitantes.
El premio adquiere una dimensión especialmente interesante por el perfil del destino ganador. Benidorm es uno de los grandes símbolos del turismo de masas en España, con un modelo urbano caracterizado por la elevada concentración de establecimientos hoteleros, edificios en altura y una actividad turística que multiplica la presión sobre determinados servicios públicos. Precisamente por eso, el reconocimiento europeo tiene una lectura que va más allá de las políticas medioambientales convencionales: una ciudad turística intensiva puede obtener resultados relevantes en sostenibilidad si consigue gestionar adecuadamente su territorio, sus recursos y su infraestructura urbana.
La Comisión Europea ha destacado expresamente la capacidad de Benidorm para compatibilizar la presión asociada al turismo con la protección medioambiental y el desarrollo sostenible. Su evaluación también pone el foco en la gestión del agua, la adaptación al cambio climático y las soluciones basadas en la naturaleza para reducir el impacto del calor urbano.
Para el destino, la distinción supone además un segundo reconocimiento europeo en apenas unos años, después de recibir el título de Pionero Verde Europeo del Turismo Inteligente 2025. Aunque ambos galardones pertenecen a iniciativas diferentes, comparten una idea de fondo: la sostenibilidad turística no puede evaluarse únicamente por el comportamiento individual de los hoteles o los visitantes, sino también por el funcionamiento del conjunto de la ciudad.
Un premio europeo que reconoce la gestión de las ciudades, no solo sus espacios verdes
El European Green Leaf es una iniciativa de la Comisión Europea dirigida a municipios de entre 20.000 y 100.000 habitantes que demuestran avances relevantes en sostenibilidad urbana. A diferencia del European Green Capital, reservado a ciudades de mayor población, este reconocimiento busca identificar buenas prácticas que puedan servir de referencia a otras localidades europeas de tamaño pequeño y medio.
La convocatoria de 2028 recibió 27 candidaturas elegibles, evaluadas por especialistas internacionales en siete ámbitos medioambientales: calidad del aire, gestión del agua, biodiversidad y espacios verdes, uso sostenible del suelo, residuos y economía circular, contaminación acústica, mitigación del cambio climático y adaptación a sus efectos.
La evaluación se desarrolló en dos fases. Primero, un panel técnico examinó las candidaturas y seleccionó las ciudades finalistas. Posteriormente, los municipios defendieron ante un jurado sus resultados, planes de futuro y estrategias para trasladar sus experiencias a otras ciudades europeas.
En la categoría European Green Leaf, Benidorm compitió en la fase final con Chiclana de la Frontera y Estarreja. Finalmente, el jurado decidió reconocer a la localidad alicantina y a la portuguesa, mientras Zaragoza se imponía en la categoría de Capital Verde Europea.
Cada una de las dos ciudades ganadoras del European Green Leaf recibirá 200.000 euros para desarrollar sus iniciativas medioambientales, mientras Zaragoza dispondrá de 600.000 euros. Las cantidades no constituyen una financiación general para el destino, sino un apoyo económico asociado a las actuaciones y compromisos del programa.
El modelo de Benidorm: concentrar el turismo para gestionar mejor los recursos
Uno de los aspectos más interesantes del reconocimiento es que obliga a revisar determinados prejuicios sobre la sostenibilidad de los destinos turísticos.
Benidorm presenta una imagen urbana muy diferente de la que tradicionalmente se asocia con una ciudad verde. Su perfil de rascacielos frente al Mediterráneo, la concentración de hoteles y apartamentos y la elevada actividad turística han convertido al municipio en un ejemplo de urbanismo turístico de alta densidad.
Sin embargo, esa concentración también puede ofrecer ventajas desde el punto de vista de la eficiencia territorial. Un destino compacto permite, en determinadas condiciones, reducir distancias entre alojamientos, playas, comercios y servicios, facilitar los desplazamientos peatonales y concentrar infraestructuras que en modelos más dispersos requieren redes de mayor extensión.
Eso no significa que la construcción en altura garantice automáticamente la sostenibilidad. La densidad puede generar problemas de congestión, presión sobre el agua, residuos, consumo energético o saturación de espacios públicos. Su impacto depende de la planificación y de la capacidad para gestionar las infraestructuras.
Lo que destaca la Comisión Europea en el caso de Benidorm no es simplemente su configuración urbanística, sino la combinación de ese modelo con actuaciones concretas de protección ambiental, eficiencia de recursos y adaptación climática.
La conclusión resulta especialmente relevante para otros destinos vacacionales del Mediterráneo: la sostenibilidad no depende exclusivamente de reducir la intensidad turística, sino también de medir y gestionar correctamente sus efectos.
El agua, una de las grandes fortalezas de la candidatura
La gestión hídrica ha sido uno de los elementos más valorados por los expertos europeos. En una ciudad mediterránea sometida a episodios de sequía, altas temperaturas y fuertes variaciones estacionales de población, el abastecimiento y la eficiencia en el uso del agua constituyen cuestiones estratégicas.
Benidorm lleva décadas desarrollando un modelo de gestión que combina control de las redes, aprovechamiento de recursos y reutilización de agua regenerada para determinados usos urbanos. La Comisión Europea ha señalado expresamente estos avances como parte de su capacidad para gestionar una elevada presión turística sin descuidar la protección ambiental.
La reutilización del agua es especialmente importante para el mantenimiento de jardines y zonas verdes. Permite atender parte de las necesidades de riego sin incrementar en la misma proporción la demanda de agua potable, algo relevante en una ciudad que pretende ampliar sus espacios naturales y reducir el efecto de isla de calor.
El desafío, además, no termina en el abastecimiento. La actividad turística introduce variaciones importantes en la demanda y obliga a disponer de infraestructuras capaces de responder a momentos de máxima ocupación. La planificación hídrica debe contemplar tanto las necesidades de los residentes como las de una población visitante que cambia a lo largo del año.
Para el sector hotelero, esta cuestión conecta directamente con la gestión operativa. El consumo por estancia, las instalaciones de lavandería, piscinas, jardines y sistemas de climatización forman parte de una cadena de utilización de recursos que afecta tanto a la rentabilidad de los establecimientos como a la resiliencia del destino.
Del mar a la montaña: una infraestructura verde que conecta toda la ciudad
La candidatura de Benidorm no se ha limitado a presentar parques o actuaciones aisladas de jardinería. Uno de sus planteamientos más ambiciosos es desarrollar una infraestructura azul y verde que conecte el Mediterráneo, los espacios urbanos y los entornos naturales del interior.
La Comisión Europea ha dedicado un análisis específico a esta estrategia, vinculada a la Agenda Urbana 2030, el Plan Estratégico de Renaturalización y el proyecto VAEBEN. El objetivo consiste en recuperar terrenos degradados, conectar hábitats fragmentados y utilizar los espacios naturales como parte de la infraestructura de adaptación climática de la ciudad.
El proyecto contempla la creación de corredores ecológicos que permitan conectar distintas zonas urbanas con el entorno natural. Los barrancos, entre ellos el del Xixo, desempeñan un papel relevante como conexiones entre ecosistemas, mientras la recuperación de espacios periurbanos busca mejorar la biodiversidad y reducir los efectos de las temperaturas extremas.
Uno de los ejemplos más importantes es el parque de El Moralet, con aproximadamente un millón de metros cuadrados de infraestructura verde periurbana. Además de proporcionar espacios naturales próximos a la ciudad, esta superficie actúa como elemento de protección frente al riesgo de incendios y contribuye a mejorar la conectividad ecológica.
Otra intervención destacada se encuentra en la antigua cantera de El Racó de l’Infern, donde se están introduciendo más de 6.000 árboles y otras plantas para recuperar un espacio anteriormente dedicado a actividades extractivas. Según la información difundida por la Comisión Europea, se estima que la restauración permitirá capturar aproximadamente 1.796 toneladas de CO₂ durante los próximos 40 años.
Son actuaciones que responden a una concepción más amplia de la sostenibilidad urbana: los espacios naturales no se consideran únicamente lugares de ocio, sino infraestructuras que pueden contribuir a gestionar riesgos climáticos, proteger la biodiversidad y mejorar las condiciones de vida.
Los jardines públicos se han multiplicado por más de cuatro desde 2012
Los datos de evolución de las zonas verdes permiten apreciar la dimensión de algunas de estas políticas. Según la información presentada por la Comisión Europea, la superficie de jardines públicos de Benidorm ha pasado de aproximadamente 350.000 metros cuadrados en 2012 a más de 1,5 millones en 2026, un crecimiento cercano al 320%.
Durante el mismo periodo, el número de árboles urbanos ha aumentado desde unos 10.900 hasta alrededor de 39.000 ejemplares, pertenecientes a unas 150 especies diferentes.
La ciudad también señala que el 92% de sus residentes vive a menos de 300 metros de un espacio verde público. Este indicador resulta especialmente interesante porque traslada la conversación desde la superficie total de jardines hacia su accesibilidad real para la población.
La proximidad de los espacios verdes influye en las posibilidades de utilizarlos cotidianamente, especialmente entre personas mayores, familias y residentes que no disponen de vehículo privado. En ciudades sometidas a temperaturas estivales elevadas, también puede facilitar recorridos peatonales más confortables y ofrecer lugares de descanso.
La ampliación de estas superficies plantea, naturalmente, nuevas necesidades de mantenimiento y consumo de recursos. Por eso su integración con el uso de agua regenerada y con especies adaptadas a las condiciones climáticas locales constituye una parte importante del modelo.
El objetivo no consiste únicamente en plantar más árboles, sino en garantizar que esos espacios puedan mantenerse y seguir ofreciendo beneficios ambientales durante décadas.
La protección del Mediterráneo también forma parte del proyecto
La sostenibilidad de Benidorm no puede entenderse sin su relación con el mar. Las playas constituyen uno de los principales activos turísticos del destino, pero también forman parte de un ecosistema que necesita protección frente a la actividad humana y los efectos del cambio climático.
La Comisión Europea destaca el trabajo de conservación de 173 hectáreas de praderas marinas mediterráneas, que contribuyen a proteger la biodiversidad, almacenar carbono y reducir la erosión costera. Estos ecosistemas submarinos funcionan como refugio para numerosas especies y ayudan a amortiguar la energía de las olas antes de que lleguen a la costa.
Las actuaciones incluyen colaboraciones con entidades como la Fundación Oceanogràfic y la Fundación Mundomar, relacionadas con la conservación de fauna marina y la limpieza de fondos. La Comisión Europea también menciona el regreso de tortugas bobas para anidar en las playas de Benidorm durante 2024 y 2025 como un ejemplo de la importancia de mantener ecosistemas costeros saludables.
La dimensión marina del proyecto resulta especialmente significativa para un destino cuya competitividad depende en buena medida de la calidad de sus playas. La conservación deja de ser una actividad separada del turismo para convertirse en una condición necesaria para mantener su atractivo a largo plazo.
De Pionero Verde del Turismo Inteligente a European Green Leaf
El reconocimiento de 2028 se suma a otro galardón europeo que Benidorm obtuvo recientemente: el título de Pionero Verde Europeo del Turismo Inteligente 2025, concedido dentro de la iniciativa European Capital and Green Pioneer of Smart Tourism.
Aunque los dos premios tienen enfoques diferentes, su combinación resulta interesante desde la perspectiva turística. El Pionero Verde del Turismo Inteligente reconoce destinos que incorporan la sostenibilidad a su desarrollo turístico, mientras el European Green Leaf evalúa de manera más amplia las políticas medioambientales de la ciudad.
El primero pone el foco en la gestión del destino turístico; el segundo examina el funcionamiento del municipio como espacio urbano, incluyendo las necesidades de sus residentes.
Esta continuidad permite a Benidorm reforzar un posicionamiento que se aleja de su imagen tradicional exclusivamente vinculada al sol y playa. La ciudad intenta presentarse también como un destino capaz de utilizar planificación, gestión de recursos y proyectos medioambientales para afrontar los desafíos asociados a su elevada actividad turística.
En la defensa de la candidatura participaron representantes del Ayuntamiento, Visit Benidorm, HOSBEC, la Universidad de Alicante, Veolia y la ciudadanía. La composición de la delegación refleja que el proyecto no se plantea únicamente como una iniciativa municipal, sino como un esfuerzo en el que intervienen administraciones, empresas, investigadores y agentes sociales.
El alcalde, Toni Pérez, destacó tras conocer el resultado que el reconocimiento avala la planificación y gestión de Benidorm como ciudad y destino turístico desde una perspectiva ambiental, económica y social. También señaló que el objetivo será aprovechar 2028 para proyectar internacionalmente el modelo desarrollado.
Un reconocimiento que no elimina los desafíos del turismo de masas
El premio europeo representa una validación importante de determinadas políticas públicas, pero no significa que Benidorm haya resuelto todos sus problemas de sostenibilidad.
La presión turística sobre el agua, la energía, los residuos, la movilidad y los espacios naturales seguirá existiendo. También continuarán los retos relacionados con las temperaturas extremas, la adaptación de las infraestructuras, la gestión de los picos de visitantes y la convivencia entre actividad económica y calidad de vida de los residentes.
El reconocimiento tampoco permite concluir por sí solo que Benidorm sea más sostenible que cualquier otro destino europeo. La convocatoria evalúa candidaturas presentadas voluntariamente y selecciona ganadores entre las ciudades participantes, siguiendo unos criterios técnicos determinados.
Su valor está en identificar avances y buenas prácticas que puedan servir de referencia, no en establecer una clasificación universal de sostenibilidad urbana.
Esta distinción es importante porque permite analizar el premio sin convertirlo en una afirmación promocional. Benidorm ha conseguido convencer a un jurado europeo de que sus actuaciones en gestión hídrica, infraestructura verde y adaptación climática merecen ser reconocidas. El siguiente desafío será demostrar que esos avances pueden mantenerse y ampliarse mientras continúa desarrollándose la actividad turística.
Una oportunidad para proyectar otro relato sobre el turismo mediterráneo
El European Green Leaf llega en un momento en el que buena parte de los destinos turísticos europeos está revisando su relación con el crecimiento. La presión sobre determinados espacios urbanos, las restricciones de recursos y el debate sobre los efectos del turismo intensivo han colocado la sostenibilidad en el centro de las políticas de numerosos municipios.
En ese contexto, Benidorm ofrece un caso de estudio particular. No representa un destino que haya construido su posicionamiento sobre una baja densidad turística o sobre la ausencia de grandes infraestructuras. Su modelo se caracteriza precisamente por una elevada concentración de actividad.
Por eso el reconocimiento puede resultar especialmente interesante para otros destinos maduros del Mediterráneo que afrontan desafíos similares. Las experiencias de Benidorm en gestión del agua, renaturalización, protección costera y planificación urbana pueden aportar referencias útiles, aunque su aplicación dependerá de las condiciones de cada municipio.
Para el sector hotelero, la principal enseñanza es que la sostenibilidad del establecimiento y la del destino están estrechamente relacionadas. Un hotel puede invertir en eficiencia energética, reducir residuos y optimizar su consumo de agua, pero su competitividad a largo plazo también depende de la calidad ambiental de las playas, la disponibilidad de recursos, el confort urbano y la capacidad de adaptación climática del territorio donde opera.
La sostenibilidad turística exige, por tanto, una coordinación entre empresas y administraciones que va mucho más allá de las iniciativas individuales.
2028 será el momento de convertir el reconocimiento en nuevos resultados
Con el título European Green Leaf 2028, Benidorm dispondrá de una plataforma europea para dar visibilidad a sus políticas medioambientales, compartir experiencias con otras ciudades y desarrollar nuevas actuaciones vinculadas a la transición verde.
La dotación de 200.000 euros ayudará a impulsar actividades relacionadas con el programa, aunque el alcance real de las transformaciones dependerá de las inversiones y proyectos que acompañen al reconocimiento.
La ciudad tendrá además la oportunidad de aprovechar su doble trayectoria europea —como Pionero Verde del Turismo Inteligente y como European Green Leaf— para vincular de manera más estrecha la promoción turística con la gestión ambiental del territorio.
El reto será evitar que el galardón se convierta únicamente en un argumento de comunicación. Los resultados más relevantes se medirán en la evolución del consumo de recursos, la conservación de los ecosistemas, la adaptación a temperaturas extremas, la accesibilidad de los espacios verdes y la calidad de vida de quienes residen en el municipio.
La decisión de la Comisión Europea deja, en cualquier caso, una conclusión especialmente interesante para la industria turística: el turismo intensivo y la sostenibilidad no son necesariamente conceptos incompatibles, pero su convivencia depende de la capacidad para gestionar de manera rigurosa los recursos y las infraestructuras del destino.
Benidorm ha conseguido que Europa reconozca sus avances en esa dirección. Ahora tendrá dos años para preparar un 2028 en el que no solo exhibirá el título de European Green Leaf, sino que también deberá demostrar cómo puede seguir evolucionando un modelo turístico que lleva décadas formando parte de la identidad del Mediterráneo español.
