Ángel Cebrián, Galán & Asociados

Nuestra economía, en la que el turismo y la hostelería representan un peso muy elevado sobre el Producto Interior Bruto (PIB), cerca de un 20% en conjunto, se está viendo muy perturbada por los efectos de la pandemia internacional que ha causado el coronavirus y  por las restricciones al movimiento de las personas, afectando a la práctica totalidad de los sectores productivos.

Una realidad que no tiene, por el momento, horizonte claro al conjunto del sector turístico y que genera fuertes dudas sobre la posibilidad de resistir una situación de cierre de la actividad durante más tiempo. 

Lo único cierto es que el sector se enfrenta a una potente crisis, del que ya se habla que su facturación se verá reducida a lo largo de 2020 en más de un 40%, según los datos de la propia Confederación Empresarial de Hostelería de España. Una situación ante la se requiere acciones concretas para salvar a las empresas y sostener al turismo como principal industria de nuestro país. 

En este contexto, las empresas deben ser ágiles en la toma decisiones, pero necesitan contar con la adecuada base informativa para que dichas decisiones tengan ciertas garantías de resultar acertadas.

Por tanto, resulta clave llevar a cabo una reflexión estratégica sobre los elementos fundamentales en la generación de valor por parte de la empresa y sobre cómo se van a ver afectados por los inevitables cambios en el entorno (clientes, proveedores, competencia, etc.) que está produciendo esta crisis. 

En el ámbito financiero, una vez analizadas las necesidades de tesorería a corto y medio plazo, habrá que acudir al mercado para captar los recursos precisos para el buen funcionamiento de la empresa. Es cierto que hay disponible una línea específica para nuestro sector, el denominado ‘ICO Sector Turístico y actividades conexas COVID19/Thomas Cook’.

Básicamente permite disponer de liquidez a corto y medio plazo para hacer frente a los pagos de salarios, atender a proveedores, abonar el pago de alquileres de instalaciones, gasto de suministros básicos, así como la posibilidad de atender al vencimiento de otras obligaciones financieras no tributarias. 

Esta línea ICO no permite el destino de sus fondos para unificar o reestructurar antiguos préstamos, ni cancelar o amortizar de manera anticipada deudas preexistentes. 

Una medida que conscientemente, el Gobierno tomó a la par en el citado Real Decreto Ley 8/2020, en el que se incluía una serie de soluciones encaminadas a dar soporte a esas necesidades mediante avales del Estado a través del Instituto de Crédito Oficial (ICO) de hasta el 80% del importe de las operaciones bancarias orientadas a cubrir las necesidades de tesorería de empresas y autónomos, con unas condiciones preferenciales.

Paralelamente, siguen operativas las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR) que también otorgan avales para la financiación de empresas, normalmente con ciertas limitaciones geográficas.

No obstante, también hay otras fuentes alternativas, como pueden ser los llamados Fondos de Deuda, o determinadas instituciones de ámbito nacional, como la Empresa Nacional de Innovación (Enisa), que otorga préstamos participativos a emprendedores y empresas en crecimiento, o los organismos financieros regionales (Instituto Valenciano de Finanzas, por ejemplo). 

Puede darse la circunstancia de que la empresa encuentre dificultades para obtener la financiación necesaria, ya sea por haber obtenido resultados negativos continuados, exceso de endeudamiento o incidencias bancarias, fiscales o judiciales.

En esos casos, si a pesar de ello, cuenta con buenas perspectivas comerciales, una sólida cartera de clientes u otros valores que le confieran atractivo para otras empresas, puede plantearse la búsqueda de un socio financiero o industrial, que le aporte los recursos económicos necesarios para superar esta situación.

La entrada de nuevos socios permite a los socios actuales seguir el frente de la empresa, aunque también suponga la pérdida de parte de su soberanía, debiendo someterse a un estricto control financiero y al deber de consensuar las decisiones estratégicas de la empresa.

Otra alternativa, puede ser la venta de la compañía, que supondrá de facto la desvinculación patrimonial de los socios, aunque puedan seguir vinculados laboralmente. 

El proceso de búsqueda de socios o venta de una empresa está muy estandarizado por años de experiencia y requiere de un asesoramiento multidisciplinar para optimizar su resultado.

Los candidatos suelen ser empresas del mismo sector, con implantación geográfica o gama de producto complementaria, fondos de inversión en el caso de venta, o fondos de capital riesgo en participaciones minoritarias y pacto de salida en un plazo de tiempo determinado, u otro tipo de inversores, como Family Offices o incluso empresas de otros sectores complementarios.

Dependiendo de las circunstancias concretas de cada empresa, el espectro de alternativas de actuación ante la situación actual es muy amplio y resulta esencial llevar a cabo un diagnóstico estratégico de situación que nos permita maximizar las probabilidades de éxito en la toma de decisiones. 

Licenciado en Ciencias Económicas y MBA por la Universidad Pontificia de Comillas (ICADE), ha desarrollado su carrera profesional en consultoras internacionales como Accenture o Jones Lang Lasalle y tras pasar una etapa en CEOE y empresas de energías renovables, como el Grupo Eiffage, se integra en Galán & Asociados como socio director del área de Corporate.


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