Por José Luis Méndez, presidente de la Unión Nacional de Agencias de Viajes (UNAV).

Todos los estudios, publicaciones, encuestas y artículos de opinión —incluidos los informes más recientes de ObservaTUR y Amadeus— coinciden en una cosa: la cultura de los viajes es ya algo inherente a las personas. Forma parte de nuestros hábitos y comportamientos de ocio y es una práctica universalmente extendida a la que no se está dispuesto a renunciar, siempre que la economía particular lo permita.

Y ese es el mensaje de esperanza que ha de guiarnos en estos tiempos de incertidumbre a todos cuantos formamos parte de la industria del turismo, incluidos por supuesto los profesionales de las agencias de viajes, por más sombrío que ahora pinte el panorama. Porque la pesadilla que ahora desvela nuestros sueños —los sueños de miles de millones de personas en todo el mundo— pasará. De eso no tengo la menor duda. Y ojalá lo haga lo más pronto posible y con el menor daño.

Eso sí, lamentablemente, me temo, nada será igual a partir de entonces en nuestro ecosistema. Al menos durante un tiempo que —esperemos— sea breve. En cualquier caso, y aunque gradualmente vayamos recuperando la normalidad, habrá un lapso de tiempo en el que tendremos que continuar conviviendo (ya lo estamos haciendo) con las nuevas prácticas sociales y los nuevos protocolos derivados de la emergencia sanitaria.

Así las cosas, el nuevo mundo surgido del día después obligará a todos los actores a redoblar nuestros esfuerzos para afianzar, en mayor medida si cabe, las garantías de seguridad de los viajeros, de nuestros clientes.

Clientes que, probablemente, analizarán con mayor detalle y criterios más estrictos la información relativa a sus viajes. Y lo harán, además, en todas sus etapas, especialmente en la fase de inspiración (decantándose por aquellos destinos que mejor comuniquen su nueva realidad) y en el devenir del propio viaje, pues es donde habrá que continuar extremando la precaución, más allá de que la solución médica o farmacológica haya permitido (ojalá) el control de la pandemia.

Es posible que, al principio, mientras se restablece la normalidad en las fronteras, se busquen los destinos más cercanos. O que ganen protagonismo los espacios menos masificados y sostenibles. Incluso que se eleven los requerimientos de salud, seguros e higiene a la hora de viajar y alojarse.

Pero las nuevas circunstancias salidas de la crisis abrirán también nuevas posibilidades al sector de las agencias de viajes. Porque en el nuevo contexto, el valor del asesoramiento personal, exclusivo y especializado cobrará mayor relieve.

Como también lo hará la personalización de las experiencias o el consejo experto de los profesionales, de manera que no solo sean (seamos) capaces de ofrecer viajes y destinos en las condiciones más óptimas para su disfrute, sino también mostrar los lugares más seguros que permitan una mayor distancia social, para así evitar episodios de congestión, o que posibiliten el acceso a nuevos polos de atracción turística, que en ocasiones incluso resultan ser más interesantes.

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Puede, inclusive, que lo sucedido, por todo lo dicho, propicie nuevas prácticas que favorezcan la cultura de los viajes, como es una mayor conciencia social en torno a la sostenibilidad (que será claramente un valor en alza) o la necesidad de fijar un nuevo “contrato social” que favorezca la desestacionalización de los periodos vacacionales.

En este nuevo escenario que se perfila, como digo, el papel de las agencias cobrará más importancia, si cabe. Al menos así lo consideramos desde la Unión Nacional de Agencias de Viajes, UNAV, la entidad decana de las agencias en España, que agrupa a un total de 3.670 puntos de ventas con cerca de 5.000 trabajadores.

Profesionales, eso sí, que, más que nunca, por todo lo dicho y por el nuevo contexto que surja, requerirán la mejor tecnología para seguir prestando el mejor servicio. De ahí la importancia de contar con firmas como Amadeus, comprometida con las agencias desde sus orígenes y con la innovación y el desarrollo, un capítulo al que deriva cada año importantes recursos.

Ahora toca resistir. Porque en España, el que resiste, gana, como sostenía Camilo José Cela en el discurso de recepción del Premio Príncipe de Asturias 1987. No está siendo fácil. Es cierto. Pero no me cabe duda de que nuestro sector, el sector del turismo y los viajes, en el que las agencias ocupan un sitio privilegiado, contribuirá nuevamente a recuperar la posición de liderazgo que verdaderamente merece nuestro país. Ese que sirve de estandarte e imagen pública a la internacionalización de nuestras empresas. Y que igualmente ha permitido, en crisis precedentes, ser el ariete que abandere la reconstrucción económica de España.

Esta tribuna ha sido publicada originalmente en el blog de Amadeus.


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