Enric López C., CETT-UB

Sin duda, el turismo cultural siempre ha sido uno de los ámbitos turísticos con más potencial para una España basada principalmente en el “sol y playa” desde hace décadas.

Así ya se indicaba en el Plan del Turismo Español Horizonte 2020, plan que marcó la estrategia a medio y largo plazo para el sector en España ya en 2007. En concreto, en el ámbito del turismo cultural, se recoge que el 10 por ciento de los turistas que vinieron a España en 2006, lo hicieron por la motivación de carácter cultural, casi 6 millones de turistas, “consolidándose año a año y con un amplio recorrido de cara al horizonte 2020”.

Ya casi estamos en el 2020, y las últimas cifras del turismo cultural del año 2017 (del Anuario de Estadísticas Culturales del Ministerio de Cultura y Deporte, noviembre 2018), nos indican con satisfacción ese objetivo de hace más de una década: casi 13 millones de turistas internacionales con motivación cultural, y un gasto de casi 14.000 millones de euros. Y casi 7.000 mil millones en el total de los 12, 5 millones de viajes de residentes. Espectacular, sin duda.

En este contexto, uno de los recursos culturales (y científicos) desde hace ya casi 20 años, es el nuevo Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, cuya directora, desde el 2016, Pilar Fatás Monforte, entrevistamos.

Pilar, además de tener una sólida formación en este ámbito, posee una larga experiencia en el Museo, pues era subdirectora ya desde el 2001, estando a cargo de, entre otros, de la planificación, gestión y supervisión de las áreas técnicas, económicas y administrativas.

Actualmente es miembro de la Comisión Asesora en materia de Patrimonio Mundial para el Ministerio de Cultura y Deporte además de otras redes internacionales de expertos en arte rupestre y gestión de museos. 

 

Pilar, explícanos la historia del Museo de Altamira.

Trataré de ser breve, porque la historia del Museo de Altamira es bastante larga al tener que remontarnos a finales del siglo XIX cuando se produce el descubrimiento de la cueva de Altamira. Era 1879 cuando Marcelino Sanz de Sautuola al ver las imágenes en paredes y techos de la cueva de Altamira las identifica como arte rupestre paleolítico; era la primera vez que esta manifestación artística, nuestro Primer Arte, era identificado. Tras unos años de agria polémica al no ser aceptado inicialmente su descubrimiento, comienza la historia de la gestión de la cueva que es la razón de ser del Museo de Altamira. 

Desde inicios del siglo XX la cueva comenzó a ser visitada, y en los años 60 y 70 fue sometida a una explotación turística intensa y sin control que la puso en grave riesgo de deterioro. Es entonces, 1979,  cuando el Ministerio de Cultura crea el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira como herramienta para la gestión integral de la cueva de Altamira. En paralelo se limitan las visitas a la cueva de Altamira y desde los años 90 se comienza a pensar en una alternativa para conocer Altamira y es cuando se redacta el Programa Museológico para el nuevo Museo de Altamira que se inaugurará en 2001, que incluirá las infraestructuras de un museo moderno incluyendo un nuevo edificio y como propuesta cultural estable la reproducción de la cueva de Altamira y la exposición “Los tiempos de Altamira.

Nos dices que se renovó en el año 2001, seguro que fue un Museo innovador, tanto en la elaboración de la “réplica” y la tecnología aplicada, como también en los usos de difusión e investigación.

Sin duda alguna. El Programa Museológico fue innovador en cuanto a que intervino en todas las funciones básicas de la gestión de un sitio patrimonial: la documentación, la investigación, la conservación y todo ello también aplicado a la divulgación del monumento. 

Si hablamos concretamente de la reproducción de la cueva, espacio que llamamos Neocueva, fue necesario desarrollar tecnología específica para la toma de datos de la cueva para que su restitución tuviera precisión milimétrica: se creó un modelo 3D de la actual Altamira y sobre el modelo virtual se suprimieron las modificaciones que se realizaron en su interior en el siglo XX, y a partir de los estudios geomorfológicos se restituyó la boca de acceso tal y como era antes de su derrumbe todavía en época prehistórica. A partir de este modelo virtual se talló la superficie de la roca con una máquina fresadora de alta precisión y se realizaron paredes y techos de la cueva con una mezcla de polvo de roca caliza y resinas aglutinantes.

Para la reproducción de las pinturas, eso sí, no podía aplicarse ninguna técnica de reproducción, pues el gesto humano es difícil de recrear, así que fueron dos artistas, Matilde Muzquiz y Pedro Saura quienes con sus manos imitaron a nuestros antepasados paleolíticos, grabando y pintando con los mismos procesos y pigmentos utilizados en la Prehistoria.

El mismo rigor conceptual y tecnológico se aplicó en el resto de las salas de exposición. En ese momento, 2001, el nuevo Museo de Altamira se abría a nuevo concepto de museo arqueológico, algo en lo que hoy seguimos trabajando.

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Desde la perspectiva turística, ¿cuál ha sido la evolución del Museo de Altamira?

La renovación del Museo en 2001 marcó un antes y un después en cuanto a su relación con el turismo. El nuevo Museo de Altamira además de cumplir muchas otras funciones culturales y sociales, se ha convertido en un recurso de primera calidad para el turismo de Cantabria. Las cifras así lo avalan pues recibimos desde entonces una media de 250.000 visitantes anuales.

También nuestra relación con los agentes turísticos ha ido evolucionando en los últimos años; intentamos satisfacer sus intereses y expectativas y sobre todo facilitar su trabajo como mediadores entre las personas que visitan nuestra región y nuestro museo. Por esto hemos “acuñado” un hashtag para redes sociales que resume nuestra voluntad de colaboración e integración de otros agentes en nuestra acción: #AltamiraSomosTodos.

 Y en la actualidad, ¿nos puedes explicar el impacto que ha tenido y tiene el Museo para Santillana del Mar, para Cantabria?

Creo que todos estamos de acuerdo en afirmar que Santillana del Mar es una privilegiada por contar entre su patrimonio cultural con la cueva de Altamira. Lo mismo es extrapolable a Cantabria.

Estamos hablando de un sitio que fue incluido en la Lista de Patrimonio Mundial de UNESCO en 1985 por su valor universal excepcional para la humanidad.  

Pero si nos ponemos pragmáticos, podemos dar cifras de lo que esto supone para la región.

El último estudio de impacto económico que se realizó en el Museo en 2014 concluía que Altamira influye en las motivaciones turísticas que impulsan la llegada de visitantes a la región, y a partir de esta premisa se estimó el impacto económico directo e indirecto derivado de los gastos turísticos que los visitantes del Museo de Altamira realizan en Cantabria.  

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Así, el impacto total generado sobre la región se estimó en 36 millones de euros, de los cuales 28 millones serían el impacto directo y el resto se correspondería con los impactos indirectos.

También se estimaron los puestos de trabajo asociados a este impacto, que se estimaron en 558. En ese momento, estas cifras se acercaban al 0,2% del PIB regional. Con seguridad si hoy pudiéramos repetir el estudio arrojaría unas cifras incluso mayores pues en 2014 estábamos saliendo de una fuerte recesión económica lo que afectó fuertemente al turismo, en particular, al nacional.

Para finalizar, seguro que te preguntan mucho sobre cómo visitar las cuevas originales. ¿Qué podemos hacer?

Bien, pues ahora las visitas a la cueva original están muy limitadas, solo pueden acceder 250 personas al año, en aras de su mejor preservación.

Para ser uno de esos afortunados, hay que venir al museo el día en que se celebra la visita, actualmente los viernes, rellenar un formulario de solicitud, y ese mismo día se seleccionan las cinco personas para participar en la visita.

Se trata de una visita de 37 minutos, de los que ocho minutos son bajo el techo de los famosos bisontes polícromos. Sin duda para quienes pueden realizarla, es una visita inolvidable. 

Miembro del Grupo de Investigación en Alojamientos Turísticos y Restauración del Campus CETT - UB. Profesor en Marketing Digital. Conferenciante. Miembro en Comités Científicos de Congresos. Foundrising, Entrepreneurship & Awards CETT Fundació – CETT. Doctor (PhD) Universidad de Barcelona.