Madrid acoge esta semana la celebración del World Business Forum, un evento que ha reunido a algunos de los ponentes más aclamados en la actualidad en temas como la innovación, la tecnología aplicada a las organizaciones y el liderazgo de las mismas.

Este año el tema se centra en “Super Minds. Empowering people, leading technology, growing companies”, es decir, de qué forma el capital humano y el tecnológico pueden ser la clave fundamental para el crecimiento personal y empresarial.

Cómo centrar nuestras estrategias de marketing en hábitos y comportamientos analizados, que nos permitan tomar decisiones más acertadas. Cómo implementar procesos operativos de trabajo eficientes y rentables para crear ventajas competitivas de negocios que nos permitan ser relevantes y diferenciales. De igual modo, cómo impulsar una cultura de innovación dentro de la organización que permita tener una respuesta más rápida a cambios del mercado.

La jornada empezó con Negroponte, afirmando que “el futuro estará conformado con elementos en los que el mundo artificial y el real sean uno solo”, y analizando los tres ejes en los que estará más centrado: educación, telecomunicaciones y cambio climático. Al hablar de educación, remarcaba que “los niños son nuestro más importante recurso natural, y la importancia de aprender y no educar. Aprender es lo que haces tú a ti mismo, educar es lo que otros te hacen a ti.” También hacía hincapié en la necesidad de saber gestionar el riesgo que pasa por “comprenderlo y aprovecharlo para, a través del conocimiento y la colaboración, convertirlo en algo útil”.

Iam Williamson, uno de los principales ponentes que intervinieron durante la primera jornada, es decano de la Victoria Business School de la Universidad de Victoria, Wellington (Nueva Zelanda). Centra su investigación en cómo el desarrollo de «canales de talento» efectivos puede mejorar los resultados organizacionales y comunitarios.

Williamson abordó el potencial de la disrupción y el papel del liderazgo para afrontar el cambio. Invitó a los presentes a imaginar sus empresas y organizaciones dentro de 20 años y lanzó algunas preguntas al auditorio:  ¿Qué produciremos? ¿Qué servicios daremos? ¿Tendremos localizaciones físicas en absoluto? ¿Qué tipo de habilidades buscaremos en nuestros equipos?

Para Williamson, cada empresa es una forma de tecnología que cumple un objetivo y es relevante ahora, en este preciso momento pero, ¿lo será dentro de 20 años? “El mayor reto para las empresas es la relevancia, ¿cómo nos aseguramos de que nuestras empresas sigan siendo importantes para los usuarios?”

En opinión de Williamson, la disrupción no es buena o mala en sí, sencillamente sucede. Sólo las empresas efectivas lideradas correctamente ven la disrupción como una oportunidad y no como una amenaza.

“Casi todas las empresas tienen acceso a la información correcta, es la reacción ante esa información lo que marca la diferencia. Podemos seguir haciendo lo que hacemos tal y lo que hacemos. Afrontar los cambios y las oportunidades, pese a la incertidumbre, es el enfoque correcto”, asegura Williamson.

Posteriormente, Whitney Johnson tomó el escenario. Reconocida como una de las pensadoras en gestión más influyentes del mundo, Johnson es más conocida por su trabajo para impulsar la innovación corporativa a través de la desestabilización personal.

Es la autora del libro aclamado por la crítica Disrupt Yourself: Putting the Power of Disruptive Innovation to Work y su próximo libro Build an “A” Team: Play To Their Strengths and Lead Them Up the Learning Curve.

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Durante su intervención, insistió en la idea de que tanto las personas como las organizaciones, especialmente las primeras, deben entender su trayectoria como un constante proceso de propia disrupción.

En este proceso, dibujó una curva con forma de “S” que comienza por un proceso de aprendizaje, seguido por un rápido crecimiento que resulta en un punto de maestría donde se reduce la capacidad de aprendizaje. Ese es el momento de reinventarse a sí mismo.

Al llevar esta teoría a la composición de las organizaciones, Johnson asegura que el 15 por ciento de cada empresa debería estar formada por personal inexperimentado capaz de realizar preguntas incómodas a la compañía, tales como “¿por qué lo hacemos así?”. Preguntas incómodas para cualquier empresa pero que, al mismo tiempo, son las que abren la puerta a una futura innovación.

Whitney Johnson comentaba la importancia de siempre estar en la curva de aprendizaje y de salir de la zona de confort. “Una compañía es una unión de curvas de aprendizaje. Todo el mundo está en algún punto de una curva de aprendizaje, incluyéndote a ti”, afirmaba dirigiéndose a los presentes. “Conseguir un equipo que rinda al máximo depende de cómo seas capaz de administrar las diferentes curvas de aprendizaje. Alguien al principio de la curva necesita apoyo e instrucción, mientras que alguien al final de la curva necesita nuevos retos, motivación y tal vez, comenzar una nueva curva de aprendizaje sacándolo de la zona de confort.”

Hablando de cómo gestionar la relación con los clientes, Don Peppers, afirmaba lo crucial de “administrar la experiencia de cada cliente, la experiencia de usuario, para que su percepción de la empresa mejore cada vez y esa percepción dure en el tiempo. La satisfacción del cliente no está correlacionada con la lealtad del cliente. Aunque la insatisfacción del cliente está directamente relacionada con la deslealtad del cliente.”

El día cerraba con la ponencia de Felipe Gómez, que realizaba una analogía entre las empresas y la música o una orquesta. Piano en mano, afirmaba que “es necesario que, como en las orquestas, las empresas estén afinadas, que todos los miembros estén afinados entre sí, que todos vayamos en sintonía. Como líderes, hay que enfocarnos en nuestra gente, en nuestros trabajadores, que son los que consiguen el éxito. Como en una orquesta, el director dirige, pero el mérito es del trabajo conjunto realizado por los músicos”.