Grupos de activistas climáticos como Fridays for Future y la aparición del fenómeno  están a la vanguardia de una reacción global contra los vuelos.

Son nuevos movimientos en la que se anima a la gente a optar por modos alternativos de transporte para reducir su huella de carbono.

En esta era de viajes aéreos baratos, ¿debería avergonzarse la gente por la cantidad de veces que se sube a un avión? Un nuevo estudio realizado por el Consejo Internacional para el Transporte Limpio sugiere que en la mayoría de los casos la respuesta es no y que volar no es una gran parte de la huella de carbono. El gran problema son los viajeros frecuentes y determinar qué vuelos son necesarios y qué vuelos son un lujo.

En total, la aviación civil mundial fue responsable de aproximadamente 918 millones de toneladas de dióxido de carbono el año pasado, cifra superior a las emisiones totales anuales del Canadá y el Reino Unido juntos.

Noticia original publicada en Forbes

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