Durante el siglo XX, la posibilidad de acoger la celebración de unos Juegos Olímpicos (JJOO), tanto de verano como de invierno, supuso, para muchas ciudades y territorios, situarse en el mapa internacional de los destinos turísticos. Barcelona es claro ejemplo de ello. Los JJOO de 1992 la convirtieron, finalmente, en ciudad global.



Sin embargo, como estrategias de marketing urbano, actualizador de infraestructuras y atractores de capital, parece ser que la acogida de este tipo de mega-eventos no pasa por sus mejores momentos.

De hecho, la prensa ha recogido recientemente que la ciudad de Calgary ha rechazado, vía referéndum local, la celebración de los JJOO de Invierno del año 2026. El Comité Olímpico Internacional (COI), al ver los resultados de la ciudad canadiense, ha limitado a Estocolmo (Suecia) y Milán-Cortina d’Ampezzo (Italia) la competencia por la celebración del evento para el mencionado año. Barcelona-Pirineus, que inicialmente concursaba por la celebración de los de 2026, había abandonado tal opción con la llegada al poder del último partido en el gobierno de la ciudad.

Ahora, no obstante, la ciudad parece volver a la carrera por la candidatura de cara al año 2030, aunque la falta de apoyo popular y la cierta inestabilidad política de Catalunya podrían influir negativamente en la decisión final.

El COI ya ha señalado que, en caso de no llegar a buen puerto las opciones sueca e italiana, Barcelona podría acabar acogiendo el evento de 2026 como plan b. Sea cual fuera el resultado final, lo que sí parece evidente es que el ejemplo de Calgary, así como las protestas populares y los resultados finales de los emplazamientos que han acogido los anteriores JJOO (como Río de Janeiro o Atenas), no parecen alumbrar un futuro inmediato optimista para las carreras por los Juegos, los cuales parecen vivir un cierto declive.

Sea como fuere, todo evento ha de contar con unas mínimas condiciones que garanticen su sostenibilidad, no solo medioambiental, sino también social y económica. Desde la consideración de la conversión de territorios en destinos turísticos, la Escuela Universitaria de Turismo Ostelea siempre ha intentado abundar en la necesidad de equilibrar los mencionados ejes de la sostenibilidad.

Una muestra de nuestra preocupación, además del hecho de la impartición de un Máster Universitario en Destinos Turísticos Sostenibles, es que, durante 2017, se elaboró y presentó un informe sobre “Turismo ecológico y sostenible: perfiles y tendencias” que ya apuntaba algunas consideraciones al respecto.