Pablo Rodriguez, Stay

Desde que en 2008 iniciaron su meteórica carrera, las aplicaciones móviles se fueron multiplicando rápidamente y el número de usuarios creció sin tregua hasta alcanzar en los últimos años su época dorada. Sin embargo, parece que esto tiene los días contados debido a las fricciones que generan con los consumidores y a las nuevas tendencias y necesidades de éstos, que hacen imprescindible el desarrollo de nuevas herramientas.

En la última década la multiplicación de aplicaciones ha sido tan relevante que se contabilizaban incrementos anuales del 30%, alcanzando los 4.400 millones de usuarios. Así, las apps se extendieron a todos los segmentos y actividades, y experimentaron un especial desarrollo en sectores como el de los viajes, donde en los últimos ejercicios se registraron espectaculares crecimientos bajo la premisa de que ninguna empresa u operador de travel podía prescindir de ellas y casi todos consideraban necesario contar con una app propia.

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En 2014 había más de dos millones de apps. Un año antes, las apps habían multiplicado por dos su utilización, concretamente un 115% sobre el ejercicio anterior según ponía entonces de manifiesto un informe de las firmas de análisis de mercado Flurry Analytics y Statista.

Sin embargo, las alarmas suenan cada vez con más fuerza y la era de las aplicaciones parece estar llegando a su fin. En los últimos años, las descargas de aplicaciones han comenzado a frenar su progresión y mercados maduros como Alemania, Japón o Estados Unidos han reducido su ritmo de crecimiento. Esto se debe a que los usuarios se han vuelto más selectivos, cada vez descargan menos apps y pasan menos tiempo utilizándolas. A este problema no es ajeno el sector turístico que observa como, por ejemplo, los usuarios son cada vez más reticentes a descargarse una nueva app en el móvil cuando llegan a su hotel.

Pero la necesidad hace virtud. Y las fricciones generadas por las apps tradicionales están alentando el desarrollo de nuevas fórmulas que eviten al usuario la necesidad de realizar nuevas descargas, algo a lo que éste cada vez está menos dispuesto. Entre los desarrollos que están teniendo más éxito se encuentran los chatbots y las PWA (progressive web app).

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Unas herramientas cuyo uso se multiplicará en los próximos años en todos los ámbitos y que cuentan con un gran potencial en el sector turístico y hotelero. Los bots no requieren ninguna descarga porque van integrados dentro de las aplicaciones de mensajería que el huésped usa habitualmente, como Facebook Messenger o Whatssap; mientras que las PWA tienen la usabilidad de una app pero tampoco requieren descarga.

Algunas de las grandes compañías del sector turístico como Booking o KLM ya están apostando por utilizar estas herramientas, integrando sus servicios en los sistemas de mensajería más utilizados por los usuarios. Su finalidad sigue siendo la misma de siempre: prestar el mejor servicio en las mejores condiciones, sin generar problemas ni fricciones con el usuario, lo que pasa por ofrecer soluciones (a través de diferentes ventanas) que no requieran realizar ninguna descarga. Y esto lo permiten ahora unas herramientas que están llamadas a relevar a las tradicionales apps, ocupando a medio plazo el protagonismo del mercado.