La utilización real y práctica del Big Data en las empresas turísticas se mantiene como uno de los temas más comentados en cualquier jornada tecnológica relacionada con el sector, especialmente con la inminente llegada de las nuevas regulaciones europeas sobre protección de datos –el famoso GDPR– cuyo cumplimiento será obligatorio a partir de mayo del próximo año.

La mesa redonda celebrada ayer en el marco de eShow, evento que esta semana ha tenido lugar en Ifema, Madrid, ha sido otro buen ejemplo de ello.

Miguel Gallo, socio de PwC, afirmó durante esta jornada que la revolución que está por venir no tiene que ver con una cuestión generacional. “Como usuarios queremos que las empresas nos conozcan en función de nuestras prioridades, así que la revolución no será tanto digital como de mentalidad, y esto implica poner a la persona en el centro y dejar de hablar de clientes. Esta mera denominación implica la búsqueda de una transacción”.

Por tanto, la tecnología debe estar en servicio de la conversación y las empresas que mejor sabrán aprovechar las nuevas oportunidades serán aquellas capaces de crear una conversación relevante en tiempo real.

Asimismo, Gallo lamentó el hecho de que la inversión de las grandes cadenas hoteleras en tecnología, combinadas, no llega a la décima parte de lo que invierten grandes intermediarios como Booking.com o Airbnb.

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Amuda Goueli, CEO y cofundador de Destinia, sí que advirtió un cambio relacionado con las diferencias entre generaciones: “nosotros no nacimos con internet, nos lo hemos encontrado por el camino, pero ahora vienen nuevas generaciones de viajeros que sí han nacido con este medio de comunicación y que son muy conscientes de que si quieren un servicio personalizado es razonable que tengan que ofrecer ciertos datos en el intercambio”.

En este sentido Javier Hernández, portavoz de Iberia Express, señaló la importancia de manejar la compleja balanza entre la personalización de la oferta y la necesidad de no resultar invasivos para los clientes. “En aviación necesitamos muchos datos para que los usuarios puedan volar, por eso tenemos que buscar la forma de pedir sólo la información necesaria y preguntarnos qué vamos a hacer con los datos o si los estamos recogiendo de la forma correcta, no podemos correr el riesgo de ser una molestia para el cliente”.

De la misma opinión es Carlos Rodríguez, de Minube. La compañía ha apostado por el uso de los datos de viajes pasados compartidos por los usuarios para predecir o aconsejar sobre sus viajes futuros, “pero debemos buscar el punto justo en el que sabemos mucho del usuario al mismo tiempo que no somos invasivos”.

Eduardo Álvarez, de Roommate Hotels, opina que “el reto está en usar los datos para enriquecer la experiencia de los viajeros con información que conocemos de sus preferencias y que va mucho más allá de la facturación: debemos ver al cliente como mucho más que un número”.

Por su parte Yuri Fernández, responsable de Comunicación de Uber en España, lamentó el hecho de que “la industria y los usuarios estamos mucho más preparados para los cambios que se están produciendo que la legislación. Un ejemplo es el coche autónomo, que es el paradigma del internet de las cosas aplicado a los viajes y que, sin embargo, aún no cuenta con una aproximación por parte de las autoridades para prever su llegada y sus consecuencias”.