No siempre la denominación que le damos a las cosas es la más óptima. En los últimos tiempos se ha generalizado llamar colaborativo a toda aquella actividad en la que los participantes son dos particulares, aunque haya poco de colaboración entre ellos. A nuestro juicio, quizás sería preferible utilizar otra denominación para muchas de las actividades que actualmente se llevan a cabo bajo el paraguas de lo denominado como colaborativo (por ejemplo, la Comisión Europea propone que para muchas de ellas sería más adecuado el término de economía de la plataforma). No obstante, en este artículo utilizaremos el término que más aceptación tiene a nivel popular, aunque partamos de la base de que quizás no sea el más adecuado.

Y es que, realmente ¿qué es lo que están haciendo las personas en plataformas como Airbnb, Uber o BlaBlaCar? ¿Están intercambiando un bien o un trabajo por dinero o están colaborando? Creemos que no hay una respuesta única ni fácil, ya que en algunos casos están trabajando, en otros colaborando y, en muchos, haciendo las dos acciones.

No obstante, a nuestro juicio se está produciendo una tendencia que añadirá algo más de ruido en el sistema. Casos de profesionales, individuales o societarios, que están utilizando estas plataformas para llevar a cabo una actividad cada vez más alejada de los paradigmas iniciales. Lo hacen amparados en el carácter amateur con el que se iniciaron muchas de las actividades propias de la economía colaborativa y que todavía existe en multitud de casos.

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Así, por ejemplo, si tomamos el caso de Airbnb, veremos que dentro de una misma plataforma encontramos muchos tipos de anfitriones y alquileres. En efecto, podemos clasificar los casos de alquiler ofertados en Airbnb en las siguientes categorías:

Anfitrión de habitaciones. Alquila una o varias habitaciones de su vivienda habitual. Es decir, reside en la misma vivienda en la que alquila habitaciones. La lógica señala que podría tener como principal objetivo el de compartir los gastos de la vivienda, con un modelo cercano al de BlaBlaCar. Es, por ello, una modalidad que realmente podríamos denominar colaborativa, con las salvedades hechas al inicio del artículo en cuanto a este adjetivo.

Anfitrión ocasional. Alquila su vivienda habitual cuando está fuera de la misma, por ejemplo, durante sus vacaciones. Hay que tener en cuenta que algunas ciudades están empezando a permitir únicamente este tipo de anfitriones en el caso de viviendas completas, fijando un límite en 60 días para el caso de Ámsterdam o 90 días para el caso de Londres, al menos si se quiere hacer sin poseer una licencia específica. Es un caso que encaja muy bien en el concepto original de la economía colaborativa, en lo referido a sacar provecho de un recurso particular ocioso, por lo que también entendemos que es correcto encuadrarlo en el concepto de colaborativo tal y como se ha definido.

Anfitrión de pensión. Es un caso similar, pero con la diferencia de que el anfitrión no vive en la vivienda que alquila por habitaciones; él vive en otro lugar, normalmente cercano a la vivienda en alquiler. Sería un modelo menos colaborativo que los dos anteriores, más centrado en el rendimiento económico.

Anfitrión de segunda residencia. Se trata de un caso muy similar al anterior: dispone de una segunda vivienda que alquila la mayor parte del año (6 meses o incluso más), incluso todo el año si se trata del caso de un pequeño inversor que ha comprado una vivienda con el propósito de alquilarla. Al igual que el anfitrión de pensión, es un modelo más centrado en la búsqueda del rendimiento económico.

Anfitrión cuasiprofesional. En este caso, se trata de un pequeño inversor que dispone de varias viviendas que alquila a través de Airbnb, dedicando a ello casi una jornada laboral completa o, alternativamente, contratando a alguien para que haga las gestiones necesarias. En algunos casos, en la plataforma aparecen varios perfiles distintos alquilando cada uno una o dos viviendas, aunque realmente la gestión de todas ellas las lleva a cabo la misma persona. Es habitual que, si el tema funciona correctamente, poco a poco vaya asumiendo más viviendas de familiares y amigos para obtener una sinergia en el proceso. Se trata de un caso bastante alejado del modelo colaborativo, teniendo poco o nada del mismo, ya que incluso suele ser normal que el check-in no lo haga el propietario, existiendo poco o nulo contacto entre el cliente y el anfitrión.

Anfitrión profesional. Se trata de la extensión del caso anterior. Inversores con más capacidad económica que van adquiriendo distintas viviendas, en ocasiones varias en un mismo edificio para favorecer las sinergias, y las alquilan de diversas formas en las plataformas con un único interés lucrativo. Se trata de un caso que no se puede denominar colaborativo.

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Como se puede observar, tenemos que dentro de una plataforma de las calificadas como de turismo colaborativo (Airbnb) conviven distintos tipos de proveedores de servicios, entre los cuales se encuentra desde un modelo cercano a las premisas iniciales de la economía colaborativa hasta un modelo totalmente profesionalizado que aprovecha este tipo de sistemas como forma de comercializar.

A nuestro juicio, una posible forma de aclarar este tipo de situaciones es que las plataformas empiecen a incorporar sistemas, como los ya existentes en muchos sitios de comercio electrónico, que permiten filtrar en las búsquedas las ofertas de usuarios amateurs y las de profesionales.

Lo que sí parece claro es que el tipo de experiencia que se va obtener con cada uno de tipos de anfitriones antes citados será bastante distinta y que para el cliente sería bueno saberlo antes de reservar.


Jacques Bulchand Gidumal y Santiago Melián González son coautores del libro “Una guía para entender la Economía Colaborativa: de clientes-consumidores a individuos-proveedores” y profesores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. El libro se puede adquirir pinchando en la imagen:

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