Tras el sí de Reino Unido a la salida de la Unión Europea, los colectivos del sector Turístico español están expectantes respecto a cómo esta decisión va a afectar sus negocios. Mientras que los principales organismos económicos auguran impactos más que negativos, está por ver si el resultado del mediático Brexit tendrá una repercusión tan significativa sobre el motor económico nacional.

Teniendo en cuenta la importancia del turista británico, son de entender las reservas del colectivo. El turista llegado de Reino Unido ha representado más de un 20% del gasto turista en España (€67.315M anuales según el INE), esta contribución nada despreciable, se traduce en un gasto medio de 895€ por persona, o lo que es lo mismo, 14.000 millones de euros, que se posicionan a éstos como los turistas que más gastan en nuestro país y una aportación equivalente al 10% de nuestro PIB.

¿Pero quiénes son estos turistas de los que nos hemos acostumbrado a depender?

Al desglosar los agregados estadísticos, encontramos tres perfiles diferenciados del turista británico: el ciudadano que viajaba a España para disfrutar de mejores ofertas económicas para sus tratamientos médico-sanitarios, el que llamamos el turista clásico: el individuo o grupo familiar de renta media/media-alta que venía con el paquete vacacional contratado de casa, y el perfil de turista joven, de renta media baja, que llega en grupo en busca de la fiesta prometida a precios competitivos como sólo pueden ser los “made in Spain”.

Considerando el caso del primer perfil, la estancia en nuestro país tiene un objetivo claro, y para éste se destina el grueso de su presupuesto, con lo que no representa impactos significativos en cuanto a la contribución turística.

Era de esperar que el turista joven que realiza viajes cortos, enfocados al ocio más lúdico, de ahora en adelante cambiase los destinos españoles por otros más acordes a su nuevo poder adquisitivo, ajustado a la baja por una depreciación histórica de la libra (recientemente al cambio más bajo de los últimos 31 años).

Sin embargo, Ciudades como Benidorm, Magaluf, Ibiza, El Arenal, o Málaga entre otros (también Salou, Alicante y Castellón) que se han convertido en auténtico territorio británico, ya no tendrán que buscar nuevas nacionalidades que cubran las bajas de estos abanderados del “turismo de borrachera” o “Turismo lowcost” que tanta controversia han traído al sector, ya que han mantenido sus cotas de visitantes británicos esta temporada.

Esta asunción, situaría al denominado turista clásico como la verdadera piedra angular sobre la que se asienta la facturación británica a nuestro turismo. Para este perfil, las perspectivas de cambio, consecuencia de la depreciación de la libra, parecen pasar por una reducción de la estancia en nuestro país, del gasto medio y en definitiva una menor afluencia de los turistas británico a España. Aunque de momento, estas predicciones no se han cumplido.

En caso de que esta fuera la tendencia en un futuro a largo plazo, los hoteles situados en los destinos clave tendrían mayor rotación por habitación, lo que podría traducirse en una explotación a la baja por volumen – cubrir el cupo de habitaciones, ajustando precios a perfiles más económicos- o, lo que parece la opción inevitable, redirigir la oferta a nuevos perfiles comunitarios o extracomunitarios que vengan a suplir, y quizás a transformar, la demanda de los turistas llegados de Reino Unido.

¿Quiénes serían estos turistas? La primera hipótesis nos hace pensar en los siguientes en el ránking: Francia, Alemania, Países Bajos e Italia, todos miembros comunitarios que seguirán disfrutando de las ventajas de una moneda común. Para capitalizar sobre la oportunidad de expansión de la oferta, en estos mercados que ya nos ven como favoritos para pasar sus vacaciones, las distintas entidades turísticas podrían lanzar campañas de promoción más intensivas, extendiéndolas incluso a países para los que aún somos desconocidos (como los nórdicos, poseedores de uno de los mayores poderes adquisitivos en el grupo Europeo.

Sin embargo, existen distintas fórmulas, que ya han probado ser un exitosas en cuanto a la retención y reclamo de éstos y nuevos turistas a nuestro país, que podrían frenar la fuga de nuestros visitantes tradicionales. Porque, al fin y al cabo, España es un país de costumbres, y dejar ir a un colectivo que nos ha aportado cifras tan significativas en las últimas décadas, no parece ser la primera opción de los empresarios turísticos.

La diversificación de la oferta turística, con la inclusión de actividades gastronómicas, culturales o deportivas entre otras, o incluso la hiperespecialización del sector, que ha virado hacia un turismo de nicho (Turismo de Congresos, enfocado a la práctica del Golf, turismo de Salud y bienestar…) son dos buenas prácticas adoptadas por nuestro sector turístico, que han reportado cifras de crecimiento incluso en temporada baja (de noviembre a marzo).

Lanzar agresivas campañas de comunicación para multiplicar los países emisores, y la asociación entre distintos agentes del sector para ofrecer competitivos paquetes turísticos, se posicionan también como una posible solución que ofrezca más valor al Turista Británico, y a su vez para captar nuevos visitantes que podrían sustituir o superar la contribución económica que los antiguos miembros comunitarios representaban para el país.

En un distinto apartado, hay que considerar a los 300.000 ciudadanos de Reino Unido viviendo permanentemente en nuestro país-constituyendo el tercer grupo más numeroso tras rumanos y marroquíes – así como al otro medio millón que vive parte del año. Históricamente, estos residentes han contribuido notablemente a las economías y desarrollo turístico de las zonas colindantes a sus “colonias residenciales”, siendo los principales focos de asentamiento la Costa de Levante, las Islas Pitusas y la Costa del Sol.

Con respecto a éstos, la depreciación de la libra frente a la moneda europea, conllevaría la reducción de las decisiones de gasto y el gasto por persona, además del estancamiento de la inversión inmobiliaria. A esta decisión de compra de la vivienda, también afectarían factores que hasta ahora habían sido determinantes de un estilo de vida: las prestaciones sanitarias dejarían de cubrir a los residentes provenientes de Reino Unido, y derecho garantizados hasta ahora como la posibilidad de participar mediante voto en el gobierno de los ayuntamientos locales, dejarían de estar en la mesa.

En conclusión, es de esperar que los perfiles con menor poder adquisitivo, que reservaban sus vacaciones con antelación en nuestro país con vistas a una estancia fugaz y lo más económica posible, probablemente cambiarán las playas y fiestas españolas por nuevos destinos que acompañen la competitividad de su divisa cuando los términos de salida del grupo británico estén más consolidados. Respecto a las familias y turistas británicos que siguen prefiriendo (y pudiendo permitirse) pasar sus vacaciones en España, no son de esperar de momento reducciones significativas en la estancia o en el gasto medio por persona, para lo que nos podemos apoyar en el escaso efecto negativo que ha notado el sector este pasado verano.

Lo que sí está claro es que para ver el efecto real del brexit en el sector, tendremos que esperar los casi dos años de margen que aún quedan hasta la salida definitiva.

Cuenta con más de 16 años de experiencia en empresas multinacionales tanto en el ámbito de consultoría como en línea. En empresas destaca su paso por Amena en las áreas de Estrategia y en Innovación y Desarrollo de Negocio y en Sainco en Finanzas. En consultoría trabajó en Daemon Quest como Director General para Portugal y en Andersen Consulting dentro del área de Estrategia. Es economista y Executive MBA por el IE.