Airbnb ha completado una nueva inyección de capital que la sitúa por derecho propio entre las principales agencias online, mirando ya a los ojos a Booking.com o Expedia, si bien mantienen claras diferencias en lo que se refiere a su producto. Su tamaño, sin embargo, es cada vez más similar.

Según informa TechCrunch, Airbnb ha notificado al estado de Delaware que realizará una ampliación de capital de 766 millones de euros. Pese a lo impresionante de la cantidad, no es la mayor inyección de capital que ha registrado la compañía en los últimos tiempos. El año pasado añadió 1.352 millones de euros, protagonizando una de las mayores rondas de financiación de la historia. Lejos incluso de otras “mega-rondas” de financiación como la que registró Uber por parte de un grupo de inversores saudíes, en la que alcanzó los 3.156 millones de euros.

En la parte estrictamente financiera, Airbnb llega al punto en el que debe ser cuidadosa con el nuevo capital que acepta para no disminuir el valor de las acciones de los primeros inversores, al mismo tiempo que evita los peligros de aumentar la deuda.

Cuestiones de balanza aparte, Airbnb continúa su batalla legal en cada ciudad del mundo –recientemente denunció a la ciudad de San Francisco, donde precisamente tiene su sede Airbnb–, mientras se convierte paso a paso en una de las agencias de viaje online más importantes. Como referencia, el grupo Priceline al completo –que incluye marcas como Booking.com o Kayak– cuenta con una valoración de 65.000 millones de euros, mientras que Expedia se queda en 16.200 millones de euros.

En 2015, Airbnb gestionó a través de su plataforma la reserva de 79 millones de roomnights. En el mercado norteamericano, la mitad de los usuarios ha oído hablar de Airbnb, si bien es cierto que “sólo” un 10 por ciento ha reservado con la compañía. Por su parte, Priceline gestionó 432 millones de roomnights, lo que representa un crecimiento del 25 por ciento para la compañía sobre el ejercicio anterior, según informa el medio económico Seeking Alpha.

Con respecto a la amenaza que puede suponer el modelo de Airbnb para Expedia o Priceline, dicho peligro puede hacerse real en dos frentes. Por un lado, el sector hotelero tradicional tiene que afrontar numerosas regulaciones y costes fijos. Por ejemplo, en lo que tiene que ver con la necesidad de seguros, esta sería asumida por cada alojamiento de forma individual y no por la compañía.

Por otro lado, los propietarios que participan en Airbnb pueden sacar un mayor provecho al alquilar sus habitaciones libres por noches en lugar de gestionar un alquiler mensual.

Sin embargo, la diferencia de producto se mantiene intacta y ese es un factor favorable tanto para los hoteles como para las agencias online. Es muy cuestionable que el producto de Airbnb sea necesariamente sustitutivo de un hotel. La excesiva variedad y diferencias entre alojamientos, sus servicios y sus garantías convierten a Airbnb en una plataforma muy heterogénea. Esto reduce, para muchos usuarios, las posibilidades de probar un producto nuevo y desconocido para ellos. Por esta razón, no parece necesario que los hoteles tengan que competir con Airbnb en precio.