Vivimos momentos de éxito en lo que se refiere a la evolución del sistema turístico, sobre todo en España, donde probablemente superemos los 71 millones de turistas internacionales en 2016, gracias en parte a lo que ya conocemos como demanda prestada, que se refiere a aquellos visitantes que nos han elegido por la inestabilidad política y la inseguridad existente en nuestros destinos competidores como Turquía, Egipto y Túnez, por la elevada frecuencia de ataques terroristas de corte yihaidista.

El contexto geopolítico es consecuentemente crucial para la distribución de flujos turísticos entre los destinos que compiten en el mercado. En este sentido, debemos de ser conscientes de que las sociedades occidentales nos enfrentamos a una importante amenaza para el turismo a escala planetaria y para otros derechos y libertades fundamentales: la aparición de fenómenos políticos populistas, tanto en el ámbito de la izquierda como en el de la derecha. ¿Porqué han aparecido estos movimientos políticos y porqué están siendo respaldados por los ciudadanos? Los motivos son muy diversos, pero principalmente se pueden resumir en los siguientes:

Los países occidentales han asumido la globalización como un dogma inevitable siempre asociado a una ideología liberal y en muchos casos neoliberal, que ha trascendido a todos los colores políticos con opciones de gobierno, incluidos los partidos social demócratas, que renunciaron a su tradición marxista.

La globalización ha tenido numerosos beneficios para los ciudadanos y las empresas, como la libre circulación de mercancías y capitales, acompañada de una mayor libertad en los desplazamientos de las personas, fenómeno que ha impulsado definitivamente el desarrollo del turismo a escala planetaria.

Sin embargo, la globalización también ha tenido importantes desventajas para los ciudadanos, destacando la pérdida de puestos de trabajo en los países desarrollados por fenómenos como la deslocalización de numerosos centros productivos de grandes empresas hacia países en vías de desarrollo ubicados principalmente en el continente asiático, con el objetivo de reducir los costes laborales y aumentar la rentabilidad.

A todos estos motivos, se debe añadir con especial hincapié la tragedia de la crisis económica y financiera internacional que comenzó en 2008, y que especialmente en la Unión Europea, ha sido gestionada mediante fuertes medidas de austeridad impulsadas por Alemania y asumidas por el resto de países de la UE, lo que ha generado un fuerte descontento social por el aumento del desempleo, la desigualdad, la pobreza energética y la precarización de las condiciones laborales y de los servicios públicos esenciales. La población también ha asistido a múltiples rescates bancarios pagados con los impuestos de todos los ciudadanos.

Adicionalmente, el fenómeno del terrorismo internacional ha afectado especialmente a Francia durante 2015 y 2016, pero debemos ser conscientes de que todos los aliados occidentales nos encontramos en el punto de mira de un terrorismo altamente sangriento, desgarrador y difícilmente gestionable por las fuerzas de seguridad, dado su carácter suicida, y que en España ya tuvimos la desgracia de sufrir en marzo de 2004.

Todos estos motivos suponen un caldo de cultivo extraordinario para la aparición de movimientos políticos populistas. Los ciudadanos quieren escuchar mensajes claros de sus representantes políticos, y en este ámbito los populismos saben jugar muy bien. Prometen empleo para todos (o subsidios), mayor seguridad para contrarrestar el terrorismo, nacionalizaciones de empresas y un claro rechazo a la globalización en favor de un mayor proteccionismo. Pero no debemos pensar que se trata de una amenaza futura, sino que en realidad, este tipo de fenómenos han irrumpido con fuerza en la actualidad en países como España y Grecia (desde la esfera de la extrema izquierda), pero sin duda más trascendente, es la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de EEUU contra todos los pronósticos, con un mensaje claramente populista y en algunos casos xenófobo, en este caso desde el ámbito de la extrema derecha.

En 2016, también hemos asistido, algunos perplejos y otros menos, a la salida del Reino Unido de la Unión Europea (el conocido Brexit), un golpe muy duro para el resto del continente, que puede marcar un precedente para otros países como Francia, donde el populismo de derechas encabezado por Le Pen podría ganar las elecciones en 2017 y proponer un camino a sus ciudadanos para salir de la Unión Europea y del euro, en un país que está siendo especialmente azotado por el terrorismo.

Pero no nos engañemos. Si los partidos democráticos tradicionales no consiguen ofrecer soluciones reales a sus ciudadanos, el populismo seguirá creciendo y los sistemas de garantías y libertades que hemos construido con esfuerzo estarán en peligro. Y debemos recordar, que los movimientos políticos autoritarios no son democráticos, y una vez llegados al poder siempre tendrán la tentación de reducir las libertades de los ciudadanos, y por qué no, adoptar medidas económicas proteccionistas, nacionalizar empresas, endurecer las políticas de visados para turistas y terminar con las democracias que tanto dolor les ha costado conseguir a nuestras generaciones pasadas.

2017 va a ser un año determinante para el futuro del planeta. Las elecciones de Francia nos darán pistas sobre la dirección que el mundo está tomando. Y si se cumplen las peores previsiones, las libertades de los ciudadanos estarán en juego, y entre ellas se encuentra una de las más preciadas: la libertad para viajar.

El turismo está actualmente reconocido como derecho humano, pero se trata de un sistema altamente influido por el contexto geopolítico, dada su naturaleza transversal. Es por ello que, si el mundo avanza hacia el proteccionismo y los populismos autoritarios, el turismo y otras libertades y derechos fundamentales estarán en juego. Los ciudadanos tenemos todavía la palabra, pero debemos saber que podemos perderla.

Consultor de turismo y dirección hotelera en Alejandro Sepúlveda Hotel & Tourism Consulting y estudiante pre doctoral en turismo en la Universidad Nebrija. Alejandro Sepúlveda tiene cinco años de experiencia profesional en la hotelería nacional e internacional, intermediación turística y consultoría estratégica de turismo, así como numerosos méritos académicos.

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