Las nuevas tecnologías de reconocimiento facial permitirán, en un futuro no tan lejano, que nuestra cara se convierta en nuestro pasaporte podría transformar la experiencia en el aeropuerto.

Varios países han invertido miles de millones en una nueva generación de aeropuertos de una calidad que otros sólo pueden soñar.

En Dubai, dentro de una obra que se completará en 2020, un nuevo aeropuerto con cinco pistas y cuatro terminales, es capaz de manejar 160 millones de pasajeros al año. En Kuala Lumpur, Malasia, la terminal más grande del mundo dedicada exclusivamente a aerolíneas de bajo coste, es capaz de manejar 45 millones de pasajeros al año. En Incheon, Corea del Sur, se inaugurará una nueva terminal para los Juegos Olímpicos de Invierno de 2018, que en 2025 gestionará 46 millones de pasajeros a través de 222 mostradores de facturación.

Los pasajeros que vuelan desde Aruba en KLM Royal Dutch Airlines hasta Schipol –Holanda–, se encuentran fluyendo felizmente hacia el futuro. Una vez que el check-in se ha realizado no deben colocarse en ninguna fila ni pasar por ningún mostrador para identificarse, ni tampoco presentar una tarjeta de embarque. En cambio, son rastreados en distintos puntos a través de la terminal hasta el asiento en el avión usando cámaras de reconocimiento facial.

Happy Flow es pionera en una tecnología biométrica que la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) quiere tener disponible en todo el mundo para el 80 por ciento de los pasajeros en 2020. La idea es llevar el tipo de autoservicio ya común en la venta al por menor y la banca al aeropuerto, tanto a los pasajeros como al equipaje, con una eficiencia impecable.

A la IATA le encanta el concepto de “aeropuerto inteligente” porque cree que ahorrará a la industria aérea más de 2.000 millones de euros al año en costes. Eso, por supuesto, significa que como tantas otras oleadas de cambios técnicos eliminará a las personas del trabajo en determinados servicios.

Como se demostró en Aruba, el reconocimiento facial es la clave del funcionamiento del aeropuerto inteligente. Los pasajeros llegan con su teléfono móvil ya programado con sus datos personales y perfil, y ni siquiera es necesario que muestren el teléfono en ningún momento. Su identidad es confirmada por una cámara de infrarrojos de reconocimiento facial. Esta es una tecnología ya madura, en realidad. Las cámaras de reconocimiento facial actuales tienen una tasa de fallos de menos de 1 error en 100.000 exploraciones.

Por el momento, este Smart Airport sigue siendo una utopía para muchos países. La tecnología está lista, pero ponerla en práctica es otra historia. Los aeropuertos de los Estados Unidos, por ejemplo, están aturdidos por la confusión de los múltiples intereses involucrados en su funcionamiento: agencias de seguridad nacional; sus propietarios (una mezcla de autoridades municipales e inversores comerciales); las líneas aéreas y las autoridades federales que regulan las prácticas de las compañías aéreas y proporcionan controladores de tránsito aéreo. Cuando se trata de cambiar y evolucionar, estos intereses rara vez están en la misma línea.

Por Clive Irving en The Daily Beast.

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